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¿Por qué la próxima escalada en el conflicto con Irán podría ser entre Estados Unidos y Turquía?


  • Escrito por Ben Seymour y Esther Simon
  • Publicado en Global
(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)
Un miembro de los Peshmerga, las fuerzas de seguridad interna de la región kurda de Irak, fotografiado en diciembre de 2025. Gailan Haji / EPA Un miembro de los Peshmerga, las fuerzas de seguridad interna de la región kurda de Irak, fotografiado en diciembre de 2025. Gailan Haji / EPA

En las dos semanas transcurridas desde que comenzaron los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, los objetivos bélicos de Donald Trump han oscilado entre debilitar las capacidades militares iraníes y derrocar al régimen que gobierna allí desde 1979. Pero a pesar del éxito de los ataques iniciales, que acabaron con la vida del líder supremo, Ali Khamenei, muchos analistas creen que el poder aéreo por sí solo no será suficiente para lograr un cambio de régimen.

Según afirman, este objetivo sería imposible de alcanzar sin tropas de combate sobre el terreno, una medida a la que la mayoría de los líderes militares y políticos estadounidenses se han opuesto desde hace tiempo. En cambio, una idea que parece circular en Washington es apoyar una invasión de grupos armados kurdos en Irak y el oeste de Irán para desestabilizar la República Islámica desde dentro.

El 6 de marzo, Trump se retractó públicamente de esta idea, declarando a la prensa: «No quiero que los kurdos entren en Irán… La guerra ya es bastante complicada». Sin embargo, dada la inconsistencia característica de Trump y la naturaleza impredecible de este conflicto, un levantamiento armado kurdo sigue siendo una posibilidad real. Tal escenario podría tener consecuencias que se extienden mucho más allá de Irán.

Los kurdos son un grupo étnico con lengua y cultura propias que ha habitado durante siglos una región montañosa de Oriente Medio. Actualmente, su población ronda los 30 millones y reside en una región que abarca partes de Turquía, Irán, Irak y Siria. Se considera que los kurdos son el pueblo apátrida más numeroso del mundo, ya que no poseen un país propio.

Esta situación se remonta al final de la Primera Guerra Mundial, cuando se derrumbó el Imperio Otomano. Los líderes kurdos de la época esperaban establecer su propio estado, tras haber vivido 400 años bajo el dominio otomano. Sin embargo, su patria quedó dividida entre varios países nuevos surgidos de la derrota del Imperio Otomano. Esto dejó a las comunidades kurdas dispersas a través de las fronteras internacionales.

Alrededor del 10% de la población de Irán es kurda , y muchos viven en el noroeste del país, cerca de las fronteras con Irak y Turquía. La región kurda de Irán ha sido durante mucho tiempo la zona menos desarrollada económicamente del país, y los partidos políticos kurdos están ilegalizados. Grupos armados kurdos se han enfrentado periódicamente con el Estado iraní, exigiendo mayor autonomía o independencia.

La cuestión kurda es aún más delicada en Turquía, país que alberga la mayor población kurda del mundo. Desde 1984, el Estado turco se encuentra inmerso en un conflicto con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), un grupo armado que lucha por establecer un Estado kurdo independiente. Este conflicto ha causado la muerte de más de 40 000 personas en las últimas cuatro décadas.

Para el gobierno turco, la posibilidad de que Estados Unidos apoye a los combatientes kurdos en el vecino Irán no es, por lo tanto, solo una cuestión de política exterior. A los líderes turcos les preocupa que el fortalecimiento de los grupos armados kurdos en otras partes de la región pueda alentar movimientos similares dentro de la propia Turquía.

En los últimos tiempos, Turquía ha lanzado incursiones militares en las regiones kurdas de Irak y Siria. También ha librado una brutal contrainsurgencia contra combatientes del PKK dentro de sus propias fronteras. Estas acciones demuestran la firme oposición de los líderes turcos a cualquier idea de independencia kurda en la región.

El apoyo estadounidense a los combatientes kurdos ha provocado tensiones entre Estados Unidos y Turquía en el pasado. Turquía se opuso firmemente a la alianza entre Washington y las fuerzas kurdas sirias durante la lucha contra el grupo militante Estado Islámico en Siria a finales de la década de 2010. Argumentó que algunos de estos grupos kurdos estaban vinculados al PKK.

Las relaciones de Turquía con Israel también se han visto tensas por la cuestión kurda. El presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, ha acusado al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de debilitar al gobierno de transición sirio mediante el apoyo a grupos kurdos en la región. La cuestión kurda se ha convertido, sin duda, en una importante fuente de tensión entre Turquía, miembro clave de la OTAN, y Occidente.

Hasta el momento, Turquía se ha mantenido mayormente neutral en la guerra con Irán. A pesar de su rivalidad regional, los líderes turcos e iraníes comparten la preocupación por los movimientos separatistas kurdos y, en ocasiones, han cooperado para contenerlos. En el pasado, las fuerzas de seguridad de ambos países han coordinado esfuerzos contra grupos militantes kurdos que operan a lo largo de su frontera común.

Funcionarios turcos e iraníes también han intercambiado información de inteligencia y llevado a cabo operaciones militares contra combatientes kurdos que se desplazan entre ambos países. Asimismo, ambos gobiernos se opusieron firmemente al referéndum de independencia celebrado por los kurdos en el norte de Irak en 2017, en el que más del 92% de los votos fueron a favor de la independencia.

Cambio de régimen iraní

Para Turquía, el colapso o la fragmentación del Estado iraní sería sumamente preocupante. Podría generar precisamente las condiciones que más temen los líderes turcos: grupos armados kurdos operando a lo largo de una frontera mucho más extensa e inestable.

Otra preocupación es la posibilidad de una nueva crisis de refugiados. Turquía ya acoge a casi 4 millones de sirios tras la guerra civil que comenzó allí en 2011, la mayor población de refugiados del mundo. Esto se ha convertido en un importante problema político dentro de Turquía.

Si el conflicto o el colapso del Estado en Irán —un país más grande y políticamente más complejo que Siria— provoca un desplazamiento masivo de personas, muchos más refugiados podrían dirigirse hacia el oeste, a Turquía. Este escenario ejercería una considerable presión política y económica sobre el gobierno.

Washington podría ver en los kurdos una vía útil para confrontar al régimen iraní sin desplegar tropas estadounidenses. Sin embargo, esta estrategia podría generar nuevas tensiones en otras partes de la región. Para Turquía, la militancia kurda no es simplemente una cuestión de política exterior, sino una preocupación fundamental para su seguridad nacional.

Si la guerra con Irán termina fortaleciendo a los grupos armados kurdos o desestabilizando la frontera de Turquía, Erdoğan podría verse obligado a responder. Esto podría abrir un nuevo frente en un conflicto regional que ya se está expandiendo.

Articulo publicado en The Conversation.


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