‘Il Trovatore’: Verdi entre fuego y penumbra
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
Entre los grandes títulos de la historia del bel canto está esta obra de Verdi estrenada en 1853 y vista por primera vez en el Teatro Real en 1854. Una partitura sublime con alguno de los momentos-cumbre de todo un género, pero a la vez con un 'defecto' que bajo criterios contemporáneos se acentúa: la ausencia de acción. Las situaciones se cuentan desde la distancia, se realizan fuera de escena, no se viven ante los ojos del espectador.
En otro tiempo ese problema pasaba inadvertido: la dirección escénica y el trabajo del 'regiseur' apenas existían, el público acudía a escuchar a las grandes voces literalmente plantadas en escena y con decorados de telones pintados. Fijémonos en la escasa importancia que se daba a la dirección teatral con esta anécdota: a finales de los años 40 en una representación de 'Aída' en el Liceo de Barcelona el protagonista no pudo cantar antes de levantarse el telón siendo reemplazado por un tenor que se encontraba entre el público y subió a escena como quien dice con su ropa de calle. Una situación absolutamente imposible de producirse en nuestra época.
Esta producción del Real con la Ópera de Montecarlo y la de Copenhague representada en 2019 y que ahora vuelve a hacerse a lo largo de diecisiete representaciones como colofón de la temporada, está dirigida por el mexicano Francisco Negrín, descendiente de españoles (es biznieto del Doctor Juan Negrín, presidente del gobierno de la República durante la guerra civil y personaje clave de aquella época). El director teatral parte de un envoltorio escénico caracterizado por la negritud más absoluta, con un decorado sin elemento naturalista alguno, carente de atrezzo aunque con un vestuario estilizado de época también con los mismos tonos apagados de colorido en una gama donde no se asoma ningún tono pastel.
Dentro de ese espacio tenebroso la iluminación de Bruno Poet acentúa con varios puntos de luz la negritud del ambiente, donde sin embargo cobra una gran presencia a lo largo de toda la representación el fuego real y candente. Esa radicalidad en un espacio teatral tan oscuro con una ausencia de mobiliario o de atrezzo en lo que viene a constituir una representación casi desnuda se equilibra con un gran movimiento escénico de los protagonistas en búsqueda de una acción dramática casi inexistente en el original. A la vez que con un buen diseño de las coreografías de lucha (en esta producción no hay ballet como en otros 'Trovatore').
La acción desnuda, con un drama descarnado sin referencias naturalistas tiene un beneficiado: las voces de los cantantes (y del coro dirigido por José Luis Basso) sin apenas aditamentos y con una extrema sobriedad escénica en el que buena parte del peso de la representación recae sobre el foso y los repartos.
Este es el punto más acertado de esta producción excesivamente lúgubre desde el punto de vista escénico. Nicola Luisotti al frente de la dirección musical es un referente de la ópera del belcantismo, dentro y fuera del Real y en los teatros del circuito internacional y responde al reto. Verdi suena emotivo, violento, amenazante, turbio, con los más diversos matices.
Los hasta cuatro repartos en función de los días de representación están bien elegidos. En ese abanico hay super-estrellas internacionales (como Anna Netrebko o Piotr Beczala, entre otros). Pero también españoles: debemos llamar la atención sobre el 'cast' segundo donde hay nombres locales como Saioa Hernández, Juan José Rodríguez o Celso Albelo, a cuya representación asistimos, y su papel es no solo impecable sino que despierta un aluvión de aplausos en la platea.
En este aspecto este 'Trovatore' es notable desde el punto de vista del foso y de las voces, a la vez que ciertamente áspero desde el punto de vista teatral. Donde esa aparente 'desnudez' de elementos escénicos está muy trabajada y rema a favor de las voces, pero la excesiva oscuridad (algo por otra parte habitual en producciones de esta obra) se convierte en casi carbón.Si se escarba en el argumento de la obra hay más estereotipo melodramático que personaje de carne y hueso, y Negrín ha intentado dar corporalidad a esos tipos sin recurrir a elementos de artificio.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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