¿Ser más grandes o ser más pequeños?
- Escrito por Beatriz Talegón
- Publicado en Opinión
Saltó el nuevo escándalo. Ahora resulta que en el reino andan indignados porque la portavoz del Govern Meritxell Budó y el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Joan Canadell, entre otros, han dicho públicamente que la gestión de la pandemia por COVID-19 se habría hecho mejor si Cataluña fuera un Estado independiente.
Concretamente, lo que dijo Budó es que con la independencia de Cataluña habrían podido actuar antes y tener menos muertos. Una opinión bastante extendida entre el independentismo.
Lo que dijo Canadell, escoció más si cabe: “España es paro y muerte y Catalunya, vida y futuro”.
Desde el reino de España estas palabras han sonado mal, fatal. Y las reacciones no se han hecho esperar, en el sentido de querer entender en esas afirmaciones un toque "supremacista". Lo de siempre.
Hay que advertir que no han sido todos los catalanes independentistas de la misma opinión, pues por ejemplo desde ERC, a Gabriel Rufián las palabras de Budó le parecieron "nefastas".
En primer lugar, desde mi punto de vista, es ciertamente engañoso dar a entender que España es muerte, desempleo y caos en términos absolutos, mientras que Cataluña sería un paraíso sin muertos por COVID-19, sin desempleo y sin el más mínimo problema de gestión. Exagerar al final reduce al absurdo cualquier afirmación.
Lo que sí alcanzo a entender es que se dan los elementos para poder analizar algo que me parece importante: ¿funciona la administración territorial del Estado de una manera eficaz ante una pandemia como la que estamos viviendo? Y aquí es donde habría que plantearse seriamente si un sistema absolutamente centralista, como defiende la extrema derecha, sería más eficaz, o si por el contrario, dotar de más capacidad de decisión y acción a las regiones habría sido una fórmula para acotar mejor la propagación de la pandemia y la puesta en marcha de la recuperación.
En mi opinión, basada en los hechos que comprobamos cada día, lo cierto es que el sistema que tenemos ahora mismo, una mezcla entre centralismo con mandos únicos y una delegación competencial autonómica que no termina de soltar lastre de las garras del Estado está siendo poco operativa. Tiende a responder tarde a las urgencias y pierde energía, dinero y tiempo por el camino.
Estamos dentro de un cuadro, que enmarca a otro cuadro, que enmarca a otro. Desde la gestión europea, pasando por la estatal, regional, hasta la provincial y local hay demasiados escalones. Y cuando hay que gestionar más de cuarenta millones de habitantes, en una situación de alerta sanitaria donde todos somos susceptibles de necesitar atención (ya sea sanitaria, laboral o asistencial), el sistema hace aguas.
Centralizarlo todo en mandos únicos con las enormes diferencias que existen entre territorios me parece absurdo a estas alturas. Más todavía cuando las competencias autonómicas se han ido desarrollando y cediendo a lo largo del tiempo y han supuesto una manera de gestionar muy eficaz: y es que la administración, cuanto más cerca está de los administrados, más eficaz y transparente resulta.
Sin embargo, también es cierto que dentro del marco europeo, pretender creer que alguien podría actuar por su cuenta, sin someterse a ningún tipo de parámetro, de pauta ni de control, es una quimera.
Dicho esto, a nadie se le escapa que tomar medidas para siete millones de habitantes es mucho más factible en términos de gestión que hacerlo para cuarenta millones. Es evidente.
Hay quien pensará que hacer pedidos de grandes cantidades es más rentable. Puede ser. Pero a la vista está que los hechos demuestran que debido a la cantidad de burocracia, de mandos intermedios y de órdenes cruzadas que se han dado, el resultado ha venido siendo bastante cuestionado a la hora de gestionar bienes y servicios durante esta pandemia.
Es gratificante observar que hay quien tiene tanta confianza en su propia administración como para afirmar lo que desde el Govern se ha afirmado. Y en términos generales estoy bastante de acuerdo en que si las regiones tuvieran la capacidad de tomar decisiones de manera inmediata, tener medios a su alcance para poder decidir y actuar rápidamente, todo habría sido diferente. No sé si podría llegar a afirmar que habría habido menos muertos, puesto que la mayor cantidad de personas fallecidas se ha producido en las residencias de mayores (el 50% a nivel mundial según la OMS). Y éstas son competencia exclusiva de las regiones, en este caso, de la Generalitat. Y por ello, por lo que a esta cuestión respecta, no creo que pueda ser culpa de la centralización o del reino de España. Cada uno tiene que asumir su parte de responsabilidad.
También es cierto que es más sencillo que estos mensajes vengan de regiones más prósperas, más desarrolladas económicamente y seguramente por ello, para otras regiones sea duro entenderlo. Y es que, estar a medio camino entre el centralismo y el federalismo hace que las regiones entren en un círculo que no está exento de polémica: las más prósperas no quieren freno para evolucionar, mientras las más pobres se sienten abandonadas a su suerte. Y creo intuir que, en el fondo, ese poso de centralismo es el que, con la excusa de mantener un equilibrio es el que, en realidad, frena el desarrollo de todas.
Dicho esto, y entendiendo lo que Budó y Canadell querían decir, el discurso de Rufián también es comprensible teniendo en cuenta dónde lo dice y a quién se dirige. Y ese es el problema en definitiva: hablar sabiendo quién te escucha y en qué circunstancias lo hace.
Y es que, no deja de ser sorprendente que a un ciudadano castellano manchego le molesten más las palabras de Budó que las acciones de García Page (su presidente), que ha estado negando la gravedad de la pandemia y renegando de la toma de decisiones inmediatas durante todo este tiempo. Esa actitud, curiosamente, no ha incendiado a la gente de una región pobre y envejecida: lo que les cabrea es un mensaje de otra región que saca pecho.
¿Por qué sucede esto? Sencillamente porque al encender la televisión hay quien prefiere poner el foco en Budó en lugar de ponerlo en Page. Mientras tanto, seguimos sin saber cuánta gente muere realmente, cómo poder frenarlo y de qué manera saldremos de esta. Y mucho me temo que esto es problema político que nos afecta a todos, más o menos, por igual. Porque al final, el problema, una vez más, es que la política se preocupa más en estos tiempos de pescar en ríos revueltos, en lugar de gestionar aquello que les resulta imposible.
Actuar en lo cercano y pensar en lo global nunca tuvo más sentido que ahora.
Beatriz Talegón
Licenciada en Derecho, Periodista y Analista política.