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¿Se puede sentir amor al trabajo?: reflexionando con Virginia González


(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

La ONU ha advertido que trabajar 55 horas semanales durante un tiempo prolongado puede aumentar hasta un 33% el riesgo de fallecer por enfermedades cardiovasculares.

Cada año mueren más de setecientas mil personas por este hecho. Trabajar en exceso es un factor clave en la salud de las personas. En este sentido, recordemos que la reducción de la jornada laboral ha sido desde el siglo XIX una reivindicación del movimiento obrero.Pero creer, a tenor de lo que se nos informa, que se había conquistado una jornada laboral adecuada es, hoy en día, ingenuo, porque los horarios laborales en muchos ámbitos siguen siendo interminables, además de que existen muchos puestos de trabajo donde no existe la desconexión al mismo, y donde se corre el peligro de que el teletrabajo se convierta en una moderna esclavitud.

Pues bien, no está de más reflexionar con materiales del pasado porque nos sugieren realidades, salvando algunas circunstancias, que parecen casi de hoy en día.

Así es, la activa sindicalista, a la que hemos estudiado atención en distintas ocasiones en El Obrero, Virginia González, nos ha dejado un breve texto de la primavera de 1908 que nos permite preguntarnos si se puede sentir amor al trabajo, si se podía en aquel tiempo cuando casi ningún trabajo tenía una jornada de ocho hora diarias, y si se puede sentir hoy con horarios de nuevo interminables en muchas ocupaciones.

González era muy clara, con jornada larga y mal retribuida no se podía sentir amor al trabajo, sino “odio y nada más que odio”. No se podía amar aquello que lentamente va matando. Además, la sindicalista distinguía la diferencia entre un descanso reparador del “letargo” producido por el agotamiento. Con una jornada corta y bien remunerada habría amor a la vida porque ofrecía algún atractivo, el trabajo se miraba como una necesidad y se realizaba sin grandes esfuerzos. A la par que se trabajaba se sentía cierto bienestar porque luego habría tiempo para el descanso reparador y para el ocio, siguiendo la máxima clásica de ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de ocio. Esa era la única manera de que el trabajo dignificase a las personas.

Y esto se escribió en junio de 1908, no en mayo de 2021.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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