Diario del año de la peste
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Una terrible peste hubo en Londres
En el año sesenta y cinco
Que arrasó con cien mil almas
¡Y sin embargo estoy vivo!»
Diario del año de la peste, 1722, Daniel Defoe
No solo de náufragos en islas perdidas vive el hombre, aunque no tantos conozcan esta joya de Defoe. La gran peste negra y sus consecuencias llaman a la reflexión en mi siglo azotado por otra pandemia que trajo tanto dolor y desasosiego, a pesar de nuestros increíbles adelantos higiénicos y médicos.
La historia que cuenta Defoe es el minucioso relato, prácticamente un registro diario, de la enfermedad vivida en Londres en 1665, con largos listados de enfermos y fallecidos prolijamente recogidos por barrios y distritos; y de la huida en masa de sus habitantes, junto con el recelo y rechazo que despertó en los de campo esa estampida. El protagonista, comerciante, se debate entre el deber y la salud y decide dejar la decisión en las manos de Dios y seguir sus señales que le invitan a quedarse en la ciudad atendiendo sus asuntos con la mayor flema británica posible. Cabe decir que 355 años después, el 95 % de la población mundial hicimos lo propio y le echamos valor al asunto.
Al igual que ahora, por aquél entonces, la vida del pueblo ya era bastante caótica, pero la pandemia que les cayó encima terminó de aniquilar sus escasas voluntades dejando a la masa en un estado tal «cuya confusión lo disponía a dejarse someter por toda clase de hipócritas y por cualquier impostor»; es decir, lo bastante aterrados como para acatar sin rechistar todo tipo de medidas destinadas a aislar, controlar y contener (no solo) la enfermedad. Pero también se llevó por delante la salud mental, las creencias y formas de vida cotidianas. En realidad, cuando lees todas las que enumera en perfecto orden el autor, parece que se las hayamos copiado. Literalmente.
Algún día, si no se ha hecho ya, alguien también escribirá el diario del año del coronavirus y nos parecerá una pesadilla tan grande como el de la peste, y lo leeremos sentados, sintiéndonos igual de vulnerables y asombrados que hace cuatro siglos, con el agravante de comprobar que nuestro endiosamiento tecnológico no ha servido de mucho y de que seguimos siendo igual de susceptibles de ser teledirigidos y de volver casi a las cavernas, pues muchas y bochornosas son las actitudes crispadas que se han vivido y no menos los dedos acusadores a ambos lados del hemisferio. En nuestra aldea global se trazó una línea divisoria entre ciencia y creencias, libertad y sometimiento, salud y enfermedad, manipulación y heroísmo y todos quedamos en un bando y nos dividimos según categorías de primer o tercer mundo, sin más suerte que la de haber nacido a uno u otro lado.
Hoy, en el año de la peste del coronavirus, los muertos siguen engrosando las listas y los humanos se sienten cada vez menos dueños de su destino. Nada ha cambiado tanto como para sentirnos seguros. Ah, pero tranquilos, que estamos en el año del tigre de agua chino… y sabido es que espanta la mala muerte.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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