Lisístrata y la fuente de las mujeres
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«LISÍSTRATA. ¡Dichosas mujeres! Basta ya de disparates. Os despepitáis por los hombres, seguro. (Se dirige a otra de ellas.) Pero, ¿crees que ellos no se despepitan por nosotras? Terribles, bien lo sé, son las noches que pasan ellos. Resistid, valientes, y soportadlo un poco de tiempo más, pues según un oráculo vamos a vencer si no reñimos»
Lisístrata, 441 a.C., Aristófanes
Entre estas mujeres que convoca Lisístrata al amparo de las sombras de la acrópolis de Atenas hay de todo, todos los tipos de féminas que la sociedad ha parido, que tampoco es que hayamos cambiado tanto, también le digo. No me sorprende que parte del discurso de esta mujer esté centrado en el poder del sexo, mejor dicho, en negárselo a su pareja para conseguir sus objetivos, pero es que básicamente funciona. Lo que sí me sorprende más es el discurso feminista actual que ensalza la figura que encarna Lisístrata, reduciendo el poder de la igualdad a la negativa de alcoba. Es un poco el castigo a un niño indócil y algo lerdo. Pero parece que funciona. Una huelga sexual en toda regla con un final feliz que ríete tú de otras. No obstante, a mi entender, representa pobremente la lucha por la igualdad desde el momento en que eso ni siquiera se plantea en la obra; en esa época y sociedad, solo los hombres iban al teatro, es una pieza escrita por un hombre para hombres, en la que el único arma de disuasión y persuasión concedido a las mujeres es cerrarse de piernas (algo a lo que, por cierto, algunas de ellas solo accederán con cierta resistencia virulenta, que la abstinencia cuesta y estar sin sexo y comodidades tampoco mola, así que lo de ser esquirol resulta que también ya estaba inventado).
Parece ser que «la que disuelve ejércitos», que es lo que significa Lisístrata, fue la primera en suscribir la frase haz el amor y no la guerra, pero no desde el pacifismo hippie, sino tomando acción. Dura de pelar, no cederá hasta conseguir su objetivo, enfrentándose a las de su mismo género si hace falta, siendo muy consciente de que la unidad en la diversidad, y la resistencia, hacen la fuerza.
Pero como todo esto es un tema delicado, había que plantearlo en forma de comedia y, como tal, tratar el tema de la violencia y la persuasión con un lenguaje cotidiano, ligero y procaz en el que se vieran representados por igual ambos sexos ̶ si bien es muy de agradecer que Aristófanes nos conceda a las mujeres la gracia de la inteligencia razonada y esa parte cuca, dicho con ironía, que nos enseñó la mejor forma de “castigar” al hombre-niño indócil con lo que más le gusta. Lo cual, por cierto, tampoco les deja muy bien parados, todo sea dicho.
Al final se deja a cargo de Conciliación, un personaje femenino joven, desnudo y mudo (ideal ¿no?) la firma de la paz entre los sexos, y así, contentos todos, los hombres vuelven a casa y dejan sus guerras y las mujeres vuelven ¿a la cocina y la cama?. Ah, no se sabe, final abierto.
En fin, creo que en realidad ni unos ni otros quedaron convencidos, a la vista de los resultados y del camino recorrido y por recorrer. Todavía quedan muchos cántaros por ir, de ida y vuelta, a la fuente de las mujeres.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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