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La vida y los autores. Jorge Manrique: ¡Oh mundo, pues que nos matas!


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

¡Oh, mundo! Pues que nos matas,

fuera la vida que diste

toda vida;

mas según acá nos tratas,

lo mejor y menos triste

es la partida

de tu vida, tan cubierta

de tristezas, y dolores

muy poblada;

de los bienes tan desierta,

de placeres y dulzores

despojada.

La obra poética de Manrique se caracteriza por su brevedad -se conservan alrededor de cincuenta poemas- y consta de una serie de composiciones menores -minor- en las que predomina el tema amoroso, y una única composición de carácter elegíaco: las Coplas a la muerte de su padre o simplemente Coplas de Jorge Manrique. Algunos especialistas distinguen en las composiciones menores las obras amatorias de las burlescas, e incluyen la composición ¡Oh mundo, pues que nos matas! En las obras epigrafiadas como doctrinales, al lado de las Coplas.

La producción poética comprendida en los temas amorosos y satíricos, aunque de por sí no hubiera singularizado a Manrique, presenta ya una forma cuidada, que resalta por la concisión del lenguaje poético, y se diferencia de la obra de otros poetas cortesanos del siglo XV por el relativo distanciamiento con respecto al tono erudito y al poderoso influjo italiano, que tanto cautivaron al marqués de Santillana -aunque en parte- y, especialmente a Juan de Mena. En cambio, son abundantes en ella los elementos de origen galaico-provenzal, y un tono de ligereza -delicado a veces, en ocasiones grosero planea sobre estas canciones, esparzas y decires, escritos en la juventud.

Pero el estilo cortesano desaparecerá en las Coplas a la muerte de su padre, escritas con posterioridad al 11 de noviembre de 1476, fecha de la muerte de don Rodrigo Manrique a causa de una úlcera cancerosa, constituyen una de las obras capitales de la literatura castellana y sin duda es el mejor poema lírico de la poesía medieval castellana. Se componen de cuarenta coplas, escritas en octosílabos con verso de pie quebrado, que confieren al poema un tono grave y sobrio, cuajado de imágenes de extraordinaria belleza. La obra se estructura en tres partes, cuya referencia temática es la de la muerte, es decir, la cualidad transitoria y fugaz de los bienes de este mundo. En la primera de estas partes (estrofas 1-13) Manrique hace una serie de consideraciones filosóficas sobe la cualidad efímera de la vida. Sigue después (estrofas 14-24) la evocación de hechos históricos, que se inicia con recuero a los troyanos, los romanos y la alusión a acontecimientos de la historia castellana del siglo XIV para derivar en la evocación de figuras históricas ya muy próximas al peta, y desemboca (estrofas 25-40) en la elegía de don Rodrigo de Manrique, que comprende el elogio de sus virtudes, el recuento de sus hazañas, el diálogo entre la muerte y el maestre y la escena final del tránsito, sobrellevado por don Rodrigo de manera serena y ejemplar.

La imagen que domina a lo largo de las Coplas por la muerte de su padre es la del viaje, pero conviene hacer notar que Manrique distingue una vida temporal -la del común de los mortales- de una segunda vida, que es la fama (alcanzada por don Rodrigo) perduración en la tierra de los hechos caballerescos de la sociedad aristocrática a que pertenecía el poeta. Ambas acaban por ser, no obstante, efímeras frente a “estrota vida tercera” que es la del cielo.

Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte

contemplando

cómo se pasa la vida,

cómo se viene la muerte

tan callando,

cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado,

da dolor;

cómo, a nuestro parecer,

cualquiera tiempo pasado

fue mejor.

Las Coplas gozaron en los siglos XV y XVI de un gran éxito. Su forma métrica específica -el pie quebrado- fue adaptada por los románticos (Zorrilla y Espronceda) y por los modernistas Rubén Darío y amado Nervo. Y un poeta del siglo XX, Antonio Machado, que definió la poesía como “palabra en el tiempo” entendió que las Coplas a la muerte de su padre era el poema que de forma más perdurable y profunda daba la impresión del tiempo, y que este don -sólo otorgado a contados poetas- hacía de Jorge Manrique el poeta castellano más admirable.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.


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