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Defensa: No se trata de gastar más sino mejor


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Todos los años por estas fechas, el gobierno recurre a un crédito extraordinario en materia de defensa, por encima de la cantidad inicialmente presupuestada.

En esta ocasión, el crédito extraordinario se da en el contexto excepcional del compromiso obligado de la OTAN, de la Unión Europea y del gobierno español con la dotación de armamento para la legítima defensa de Ucrania frente a la invasión rusa al margen de la legalidad internacional.

También, y con motivo de la Conferencia de la OTAN en Madrid, el presidente del gobierno español ha reafirmado el compromiso de incrementar ( casi duplicar) hasta el 2% del PIB el presupuesto actual destinado a defensa, en un calendario plurianual que culminaría el año 2030. Un compromiso que no cuenta con el apoyo de la parte del gobierno representada por Unidas Podemos ni tampoco con el conjunto de la mayoría parlamentaria de investidura, imprescindibles ambas para la aprobación del próximo presupuesto.

Sin embargo, es necesario aclarar que los créditos extraordinarios en materia de defensa han sido algo habitual en las últimas décadas, sobre todo para dotar compromisos en armamento sofisticado adquiridos desde los años noventa del siglo XX.

Unos programas que a lo largo del tiempo fueron incrementando su coste con la ampliación a nuevos sistemas de armas (aviones A400M, submarinos S-80, buques BAM y BAC y helicópteros NH-90) hasta alcanzar una veintena de programas por un valor que hoy asciende a cerca de cuarenta mil millones de euros.

En este sentido, los créditos extraordinarios tratan de responder a la deuda generada por los compromisos asumidos sobre nuevos sistemas de armas al margen del presupuesto, a los que se han ido sumando nuevos programas sin consignación presupuestaria a todo lo largo de este siglo XXI, lo que ha ido engrosando una deuda mil millonaria.

Según el Tribunal de Cuentas, en 2012 el Ministerio de Defensa pidió 1,787 millones para el pago de estos programas (885 en 2013 y 890 en 2014). Sin embargo el Gobierno no incluyó de nuevo estas partidas en su proyecto de PGE, pero acabo pagando 1.783 millones (877 en 2013 y 884 en 2014) vía créditos extraordinarios.

Algo así se ha venido repitiendo a lo largo de los sucesivos presupuestos mediante la fórmula engañosa de aprobar un presupuesto de Defensa a la baja y sin consignar los nuevos sistemas de armas, para después a mitad de ejercicio como ahora aprobar un crédito extraordinario. En definitiva, entre créditos extraordinarios de sistemas de armas, los créditos ampliables para dotar a los contingentes de fuerzas españolas en el exterior y los de la investigación relacionada con la defensa encuadrada en el concepto de I+D del ministerio de industria, el presupuesto aprobado año a año para el ministerio de defensa es sólo una parte de lo finalmente ejecutado.

Así, los cálculos realizados por diversos organismos nacionales e internacionales de transparencia y control en materia de armamento y de defensa concluyen que finalmente la ejecución presupuestaria supera en más de un treinta por ciento las previsiones iniciales de los presupuestos aprobados.

Todo ello ha llevado incluso al Tribunal Constitucional, a raíz de distintos recursos presentados, a considerar los mencionados créditos extraordinarios para gastos (que en realidad son previsibles y ordinarios del ministerio de defensa), así como a su dotación con cargo a la deuda pública, como incursos en un vicio claro de inconstitucionalidad.

Quizá esta sea la razón para que el gobierno haya acotado a gastos sobrevenidos los conceptos de la ampliación aprobada y haya vinculado su pago con cargo al fondo de contingencia.

En definitiva, si sumamos todos los conceptos del presupuesto relacionados con el armamento, el personal, las operaciones en el exterior y la investigación relacionada con la defensa, en lugar del porcentaje del uno coma dos teórico que nos sitúa a la cola de los países de la OTAN, en realidad no andaremos muy lejos del uno y medio por ciento de gasto militar.

Hay que tener en cuenta además que, en relación al gasto militar de Rusia, los países pertenecientes a la Unión Europea en la actualidad multiplicamos por cuatro su gasto en defensa ( Sesenta y cuatro mil con respecto a doscientos cuarenta mil millones de euros). La cuestión de la seguridad no está pues vinculada al volumen de gasto, más que suficiente y muchas veces redundante, sino en gastarlo mejor y de forma integrada, al menos en el marco de la Unión Europea. En definitiva, no es preciso gastar más, sino gastar mejor, pero sobre todo de forma coordinada entre los países de la UE e integrada en una estrategia industrial de la defensa y de la seguridad europeas, que siguen pendientes.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.


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