ETA, como último recurso parlamentario
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Opinión
Con la que está cayendo, debido a los efectos sociales de la escalada de precios como consecuencia de la guerra, parecía imposible que algún tema diferente pudiera introducirse en una agenda que se preveía casi monográfica sobre la inflación en el debate del estado de la nación.
Sobre todo después de que el presidente del gobierno asumiera como propia la gravedad del problema y la incertidumbre futura, para a continuación ponerse al frente de las nuevas medidas para contribuir a paliarlo y asimismo para hacer un llamamiento al esfuerzo compartido y la corresponsabilidad de la ciudadanía.
Sin embargo, por sorpresa, después de más de una década del fin de la actividad armada de la organización terrorista ETA, el principal grupo parlamentario de la oposición conservadora ha iniciado la intervención de su portavoz con la convocatoria de un minuto de silencio convirtiéndolo así en uno de sus argumentos fundamentales para deslegitimar al gobierno de coalición y a sus apoyos parlamentarios en el primer y último debate general de la legislatura. Alguien podría argumentar que dicha incorporación venía favorecida por las fechas de los actos institucionales previstos con motivo del veinticinco aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, en el que, frente a la unidad de la respuesta ciudadana de entonces, el PP ha hecho gala de nuevo de su obsesión por la patrimonialización de las víctimas de ETA para volver a utilizarlas contra el PSOE, el gobierno y sus socios parlamentarios.
Otros seguramente acudirán a los últimos trámites de la ley de memoria democrática, a sus apoyos parlamentarios y en concreto a las enmiendas pactadas con el grupo parlamentario de Bildu para sacarla adelante y a la reacción consiguiente de algunos sectores bien pensantes que han visto en estos apoyos la oportunidad para volver a rechazar cualquier legislación sobre la memoria histórica de las víctimas de la dictadura.
Sin embargo, los apoyos de investidura, y más en concreto los del independentismo y de EH Bildu, bien podrían haber sido una parte de los argumentos como ha sido tradicional en debates anteriores sin convertirlo por ello en el tema central de la imagen de su intervención en el debate parlamentario.
Por el contrario, los resultados favorables para la derecha, tanto de las últimas elecciones andaluzas, como de las encuestas debidos a la estrategia de moderación abanderada por Núñez Feijóo en la competencia con el espacio de la ultraderecha, no hacían necesario ningún giro hacia la derecha y mucho menos por parte de una portavoz heredada como Cuca Gamarra en sustitución del presidente del partido.
Cabría pensar entonces que la razón para hacerlo ha tenido más que ver con el cambio brusco en las previsiones iniciales de la oposición conservadora, motivado por el cambio de guión del presidente del gobierno con la asunción del problema social de la crisis de precios, de tal manera que se han visto obligados, en apenas unas horas, a sustituir la crítica al que preveían que fuera un diagnóstico triunfalista sobre la economía y el empleo, que finalmente no se produjo, recurriendo un extremis al argumentario sobre ETA, de nuevo como instrumento de confrontación y deslegitimación frente al gobierno, al tiempo que de diferenciación dentro de la derecha.
Las duras intervenciones posteriores por parte de la ultraderecha y del extremo centro, sobreactuado sobre la misma materia, así parece acreditarlo.
Sin embargo, la respuesta del presidente del gobierno al intento de instrumentalización de la figura de Pérez Rubalcaba, así como de los directamente interpelados de EH Bildu y de la propia presidenta del parlamento, situándose al margen de la provocación, ha desbaratado la torpe instrumentalización de las víctimas de ETA para cubrir el vacío argumental y de propuestas de la oposición parlamentaria de la mayoría conservadora.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.