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Duelo de estrategias en torno al estado de la nación


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

La izquierda ha pasado de una estrategia defensiva de su gestión social durante la pandemia y sobre las reformas y los fondos de recuperación europeos, al reconocimiento crudo del deterioro y del malestar social debidos a la inflación para desde ahí lanzarse a la ofensiva, en palabras del presidente del gobierno, para poner todo de su parte para paliarlos. La empatía con las dificultades de la mayoría de la clase trabajadora y de sectores medios ha sido también compatible con un diagnóstico equilibrado de los avances de la economía y en particular del empleo, con las incertidumbres provocadas por la guerra, junto a la reivindicación de los principales símbolos de la salida  social de la pandemia por parte del gobierno como el ingreso mínimo vital, la revalorización del salario mínimo y de las pensiones y ante todo de la reforma laboral.

Las medidas propuestas por el gobierno avanzan en los paquetes aprobados hasta ahora frente a la inflación, pero al tiempo rompen con la continuidad en materia fiscal y con un giro basado en medidas simbólicas para la izquierda como la gratuidad del transporte público de corta y media distancia, en la política de vivienda y en la cobertura de las becas. Termina pues el debate del estado de la nación con un gobierno de coalición que recupera la iniciativa política y consolida sus apoyos parlamentarios. El equipo de gobierno, que venía de una reciente dinámica personalista y deslabazada, parece haberse puesto de acuerdo en este debate, así como con la mayoría de investidura.

Ahora queda aplicar las medidas mediante el acuerdo y que se note su resultado entre los ciudadanos. En particular frente a los efectos de la inflación entre las rentas bajas y medias, en el reparto del esfuerzo mediante los impuestos a los sectores con mayores beneficios y en el control de los precios de la energía o la vivienda, y si acaso fuera necesario, de los alimentos básicos. El mismo control de precios que tanto escándalo provocó al inicio de la pandemia y que al final se ha normalizado sin mayores consecuencias en productos sanitarios como las mascarillas o los test de antígenos.

En el otro lado del espectro político, la derecha viene jugando, de común acuerdo con la ultraderecha, a la técnica del contragolpe incluso ante las olas más dramáticas de la pandemia, en contra de la política de diálogo con el gobierno catalán y la aprobación de los indultos, y más recientemente haciendo una oposición burda sobre las consecuencias en la escalada de precios en relación a la invasión y la guerra de Ucrania.

Todo ello en el marco del falso relato de la ruina económica, de la deslegitimación política e incluso con las insinuaciones sobre los compromisos ocultos con el gobierno catalán y sobre una hipotética manipulación electoral en el futuro.

Sin embargo, la realidad va en sentido contrario a la realidad alternativa que aparece en el relato de la derecha. La comisión Europea y la agencia de responsabilidad fiscal mantienen la previsión de crecimiento del cuatro por ciento para España frente a la campaña de la derecha de recesión, catástrofe y ruina.

Ante el giro a la ofensiva del presidente del gobierno en el debate del estado de la nación, la derecha se presenta ahora como un equipo leñero que no renuncia a embarrar el campo de juego si se trata de ganar. Por eso, en el debate del estado de la nación y de la ley de memoria se han escorado más aún a la derecha y con la marcha atrás volviendo a la obsesión de una ETA que va para una década que no existe.  Primero protagonizando la convocatoria de un minuto de silencio en su réplica al presidente del gobierno del debate de orientación política y luego instrumentalizando apresuradamente a las asociaciones de víctimas del terrorismo en pleno debate de la ley de memoria democrática y finalmente, ante las críticas de parte de las asociaciones de víctimas buscando enfrentar a la familia de Gregorio Ordóñez.

No les ha bastado con dividir y enfrentar a las víctimas y a las  asociaciones de víctimas del terrorismo y del franquismo, que ahora intentan dividir a las propias familias de las víctimas del terrorismo como en el caso de la hermana y la mujer de Gregorio Ordóñez.

Finalmente se aprueba la ley de memoria democrática y la derecha recurre a la excusa de la enmienda pactada con Bildu y buscando enfrentar a la memoria de la Transición con la de la lucha democrática frente al franquismo y a  las víctimas de ETA con las víctimas del franquismo. Víctimas de primera frente a las de tercera. El PP continúa buscando a ETA desesperadamente y empecinándose con ello en deconstruir su imagen de centro. Por eso, las contadas encuestas sobre el resultado del debate del estado de la nación que han sido sustituidas por las preguntas sobre la importancia del debate, muestran en su ausencia el traspiés sufrido por  la derecha. Algo similar a quedarse en destacar la abstención ignorando la intención de voto a los partidos. En definitiva, el gobierno sale vivito y coleando del debate y se quiebra de nuevo la imagen de un nuevo ciclo político, poco menos que inexorable,  protagonizado por la oposición conservadora. 

Por otra parte, el PP se empecina en mantener su presencia en el CGPJ y en el Tribunal Constitucional, como si de un Trump local se tratase. Frente a ello, el gobierno ha sacado adelante la reforma del CGPJ para desbloquear los nombramientos en el Tribunal Constitucional en el mes de Septiembre. Además, en las últimas horas el gobierno retoma la relación con el gobierno de la Generalitat, interrumpida con motivo del espionaje con el programa Pegasus y sin embargo la respuesta de Feijóo es volver al mantra de los pactos ocultos con el independentismo para romper España.

De nuevo la estrategia de oposición más conservadora basada en la deslegitimación y la polarización politica. El único gesto de centro es que el PP se ha abstenido en el segundo paquete anti inflación. Vuelve a la estrategia errática de Casado consistente en los bandazos y la ambigüedad, pero siempre dentro de la derecha.

Mientras tanto, después de la dimisión de Boris Johnson, llegan los ecos de la crisis política en el gobierno de concentración Italiano con la guerra en el trasfondo, todo en beneficio de la ultraderecha. Y los hay que seguirán hablando de la inestabilidad política española.

 

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.


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