Un debate con olor a naftalina
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Opinión
"Entremés: Pieza dramática breve, burlesca o cómica y de un solo acto, que se representaba entre los actos de una comedia o de una obra teatral más extensa."
De nuevo el debate repetido del Congreso, pero en un escenario como el Senado, con una representación bipartidista y un libreto con olor a naftalina.
Un debate en que la única novedad ha sido el intercambio de papeles. El ataque político de parte de Núñez Feijóo y la didáctica moderada de gestión del presidente Sánchez.
El debate que reproduce el debate previo del Congreso a mayor gloria del candidato Feijóo, pero dónde faltan una parte fundamental de los actuales actores de la representación política española.
Una réplica que, como si fuera un entremés, se representa en el intermedio de la política real, toda vez que lo importante como los presupuestos y la negociación del Consejo General del Poder Judicial se negocian fuera de este cuidado escenario.
El Senado aparece así como un espejismo de la representación distorsionada del antiguo bipartidismo. Un marco que recupera el eco del pasado bipartidista, incluso con los pulsos por la ampliación ad hoc de los tiempos de intervención de los mayoritarios, con la marginación y el consiguiente malestar del resto de los grupos de la representación de la pluralidad.
Precisamente por eso, su temario deja de lado la política territorial y las transferencias y la financiación de las CCAA, más propias de las competencias del Senado, para incidir de nuevo en el debate más general de la situación económica, de la inflación y de los Presupuestos Generales del Estado.
En este sentido, resulta significativo el malestar de Núñez Feijóo ante las menciones a su pasado como presidente de Galicia, así como a la gestión compartida de la vacunación en la pandemia de la covid19, precisamente en la Cámara de representación territorial.
Porque al contrario de lo que pudiera parecer, el pecado capital de la política no es la codicia sino la vanidad y la soberbia. Para Núñez Feijóo con su pretensión de actuar como presidente in pectore en base a las previsiones de las encuestas y frente a él Pedro Sánchez, el presidente en ejercicio, que menosprecia su nivel como alternativa, tanto por la falta de rigor en el manejo de los datos, como por la carencia de propuestas claras por parte del portavoz del PP.
Esa es también la razón por la que Núñez Feijóo ha bajado del Olimpo de algodones de las ruedas de prensa y de los medios de comunicación afines, en primer lugar a los mármoles del Senado y en este segundo debate a la arena de la confrontación.
Sin embargo, el candidato Feijóo sigue escondiendo tras la ambigüedad su falta de respuesta ante los asuntos fundamentales para los ciudadanos como los impuestos a las empresas energéticas, el tope al gas o la revalorización de las pensiones, en parte debido a sus alianzas reales con la patronal y a las previsibles con la extrema derecha. Todas ellas, preguntas que se ha negado a responder.
El PP repite además la estrategia de confrontación que siguió con Zapatero consistente en el cuanto peor mejor. De nuevo la acusación al presidente Sánchez de la mentira como pecado original de su gobierno y ahora de negar la posibilidad de una futura recesión. El problema de la derecha es la exageración y agitar el catastrofismo por bandera.
Por contra, el presidente Sánchez corre el riesgo de recrearse en la suerte del debate a dos que parece haber contribuido a debilitar el efecto Feijóo y como consecuencia en el exceso de confianza, al modo de las ruedas de prensa de la pandemia.
Sin embargo, lo realmente difícil es tener un plan de futuro para una época trufada de calamidades encadenadas y el consiguiente gobierno condicionado por la emergencia, y de ahí los tres paquetes aprobados frente a la inflación y el ahorro y la eficiencia energética. Por ahora.
El presidente Sánchez esgrime una y otra vez su principal objetivo como es la protección de la clase media trabajadora y el aval europeo a sus políticas frente a las consecuencias de la guerra sobre los precios. También es su principal fuerza.
En resumen, el debate ha consistido en la réplica de Feijóo a la espina clavada de la acusación de ignorancia o la mala fe en la sesión de Septiembre y el giro de moderación presidencial de Sánchez para facilitar el acuerdo de renovación de los órganos constitucionales.
El peligro para ambos es instalarse en la ficción repetida de un debate del estado de una nación bipartidista que ya no existe. Un espejismo.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.