Aristóteles. “Ética a Nicómaco”. III
Las virtudes éticas se derivan en nosotros de la costumbre, escribía Aristóteles. El hombre es, por naturaleza, “potencialmente” capaz de fomentarlas y, mediante el ejercicio, traduce esta potencialidad en actualidad. Realizando progresivamente actos justos, nos volvemos justos, o sea, adquirimos la virtud de la justicia que, a continuación, permanece en nosotros de forma estable, como un “habitus”, que contribuirá sucesivamente, a que realicemos con facilidad, ulteriores actos de justicia. Realizando paulatinamente actos de valor, no volveremos valientes, es decir, adquiriremos el “habitus” del valor, que, más tarde, nos ayudará a realizar fácilmente, actos de valentía. Y así sucesivamente. En resumen, para Aristóteles las virtudes éticas, se aprenden de la misma manera, como se aprenden los diferentes artes, que son también “hábitos”.
- Publicado en Tribuna Libre