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Dignidad y fuerza en la literatura de Tibor Déry (1894-1977)


(Tiempo de lectura: 6 - 12 minutos)

Con la luz del atardecer, sobresaltada y triste,

se salía a las calles de un invierno

poblado de infelices gabardinas

a la deriva, bajo el viento.

Jaime Gil de Biedma

He elegido al novelista húngaro Tibor Déry para mi colaboración de El Obrero, por el inequívoco interés de sus novelas, su honestidad intelectual y su visión corrosiva y lúcida de un mundo… que ya no es el nuestro. Los hechos que narra se pierden en la niebla. Sólo es posible conservar el recuerdo.

En algunos aspectos me trae a la memoria a Sándor Márai, aunque es menos detallista, más combativo y con un sentido del tiempo histórico que da que pensar.

Nació en Budapest cuando pertenecía al Imperio Astro-húngaro. De familia acomodada, vivió y le influyeron la Revolución Rusa, la oprobiosa dictadura de Miklós Horthy, la expansión del comunismo y el rígido y burocrático control stalinista. Por no citar más que un último episodio crucial, apoyó la revuelta húngara de 1956… cayendo en desgracia y más tarde fue condenado a prisión.

Digo esto para que el lector aprecie que toda su vida tuvo independencia de criterio y, que cuando sus convicciones se lo exigían, supo apoyar causas que podían acarrearle aislamiento y pérdida de influencia.

Su obra es de un realismo que se aparta de los estrechos límites del realismo socialista. Va más allá del contenido de los relatos, percibiendo lo que se oculta tras el discurrir de los hechos. Sabe ahondar en la atmósfera política y social y en las motivaciones de los personajes. En el realismo que practicó queda un poso perceptible de las vanguardias a las que estuvo, de una u otra forma, vinculado en su juventud como el surrealismo e incluso el dadaísmo.

De él podría decirse lo que Primo Levi escribió en un momento de angustia y duda: “Parecía suspendido entre la esperanza y la incertidumbre del mañana”.

Un sentido crítico y un inconformismo vital, ideológico y ético, nutre y alimenta sus páginas. En ellas hay más sufrimiento que alegría, mas están llenas de sentimientos, pensamientos que merece la pena recordar y vivencias, que aunque pertenecen a otro tiempo, son de una nítida actualidad. Sin ir más lejos, es particularmente relevante la forma en que conjuga azar y necesidad. Es la suya una forma muy peculiar, intima y profunda de contemplar el mundo y de interpretarlo.

El poder aplasta, busca la aniquilación de los disidentes mas la represión más cruel, injusta y arbitraria… suele ir acompañada por la belleza y armonía de las estrellas. El orden del Cosmos y el ‘misterio’ de los pasos que siguen la historia son, asimismo, un punto de partida adecuado para penetrar en su obra.

La energía actúa dando alas a la creatividad, buscando allí donde se encuentren, la verdad y la justicia.

Leyendo algunas páginas de sus novelas da la impresión de estar observando, con detenimiento, viejas fotografías en blanco y negro. Quizás lo primero que perciba el lector sea la psicología y la acabada concepción de personajes que arrastran sus secretos, mentiras, rencores y, sobre todo… recuerdos. El tiempo deja su impronta, pesa en los huesos y, en cierto modo, desvencija.

Está presente el miedo y esa irrealidad que acaba convirtiendo las certezas más firmes y los recuerdos más penetrantes en desvalimiento. La impresión es pesimista… mas caben en sus páginas anhelos que nacieron en el pasado pero que se proyectan al futuro.

Pensemos en una Europa bombardeada y llena de escombros. El esquilmado y sufriente viejo continente, tras la Segunda Guerra Mundial, da lugar a algunas páginas memorables. Al menos, así me lo parece.

¿Qué ha quedado de todo aquello? Europa logró recomponerse y con el paso del tiempo nació la Unión Europea. Hoy sin embargo, asistimos a una oleada de reaccionarismo que amenaza con hacer tabla rasa de lo que ha costado tanto conseguir en materia de igualdad, solidaridad o protección social. Los vientos tóxicos se iniciaron en la Norteamérica profunda, mas ya están instalados entre nosotros.

Volvamos, por un momento, nuestra atención hacia la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Es cierto que ante todo y sobre todo, son un imperativo moral mas aterra y produce escalofríos, lo poco que importan derechos inalienables y universales, hasta el punto de ser poco más que letra muerta. ¿En qué ha quedado la libertad de pensamiento, de conciencia o de información? Por no hablar del derecho a la educación, que se cuestiona en la práctica, aunque hipócritamente, no en la teoría. Lo mismo cabría decir, de la protección contra la precariedad, el paro o la garantía de disfrutar de un salario, con el que se pueda vivir dignamente. Se abisman las diferencias y contradicciones en un mundo pretendidamente globalizado donde la explotación y, muy especialmente la de los menores, produce asco y vergüenza.

Tibor Déry fue también, un intelectual dinámico que participó en distintas empresas culturales. Periodista, traductor, dramaturgo e incluso guionista de cine. Esto da idea de sus múltiples inquietudes. Iba siempre un paso por delante de lo que estaba permitido.

Evoca un mundo en que los débiles rayos de luz, blanca y amarilla, anuncian la caída de la tarde. La lechuza de Minerva no se anima a emprender el vuelo y una sensación de desolación parece un heraldo de un tiempo de obscuridad.

Otra imagen sacude al lector. En una esquina fingiendo leer el periódico un hombre con gabardina vigila. Eso nos basta para hacernos una idea de un estado policial. Algunos de sus personajes, intuyen que la realidad es asimétrica, quebradiza y hostil. En esas circunstancias la supervivencia es el reto diario.

Sabemos poco de él. Murió en 1977, cuando nuestro país iniciaba sus balbuceos democráticos. Parece que la causa de la muerte fue el suicidio. Una prueba de su valentía y de su independencia de criterio es que se atrevió a traducir al húngaro, “Regreso de la URSS” de André Gide, lo que en una época de férrea censura, supuso que se le vigilara como sospechoso.

Me gustaría poner en valor una novela rio “La frase inacabada”, que analiza con precisión y sentido crítico, la Hungría de entreguerras. La influencia de Franz Kafka, autor de “El proceso” y de “El castillo”, fue mayor de lo que imaginamos. Así su novela “El señor G.A. en X” da la impresión de ser un homenaje, lleno de situaciones absurdas, que contiene ‘el filo del hacha’ con todo su potencial destructivo.

El recientemente desaparecido Milan Kundera, nos enseñó que bajo la bota de las dictaduras, lo que leemos como relatos fantásticos e imaginativos… podían ser pesadillas cotidianas de quienes vivían aterrados.

Otra obra que merece la pena consultar es “Querido suegro” una novela más autobiográfica de lo que parece. Tiene como tema central el último amor de un anciano que se está despidiendo de la vida. Al mismo tiempo, que una concepción del mundo… entona su adiós definitivo. Tibor Déry es de esos creadores que tienen el arcón de los recuerdos bien pertrechado y con sutileza, va extrayendo de él, vivencias e imágenes de lo que se va desvaneciendo en el tiempo, dejando tras de sí un reguero de sueños rotos.

Un creador debe saber sorprendernos. Con él nunca se sabe lo que va a encontrarse debajo de cada piedra que levantas. La experiencia de buscar y rebuscar en el pasado es, con frecuencia, triste… más al mismo tiempo, un tributo a lo que se va para no regresar.

Fue distinguido con el Premio Kossuth en 1948. Indudablemente, ocupa un lugar destacado en las letras húngaras… lo que es particularmente relevante, ya que con frecuencia exploraba terrenos que no eran del gusto del ‘bureau’, que ejercía en nombre de la ortodoxia, un rígido control ideológico.

Tuvo una innegable habilidad para captar los movimientos subterráneos que se movían en el fondo impenetrable de la sociedad. Lejos de las miradas inquisitoriales de aquellos para los que siempre fue alguien en quien no se podía confiar.

Cuando como sucede ‘aquí y ahora’ en este tórrido mes de julio del 2023, observamos a nuestro alrededor sometimientos indecorosos, anteposición de intereses espurios a las convicciones democráticas… y una notoria falta de rebeldía y espíritu crítico es, un buen momento para leer y releer a Tibor Déry y extraer algunas enseñanzas de su legado. Encontraremos en el pasado comportamientos y actitudes que nos ayuden en este presente incierto, o al menos, que intenten abrirnos los ojos y comprender lo que pasa y lo que nos pasa.

Algunas de sus páginas, deben leerse como si de escenas alegóricas se tratara. Pagaremos un alto precio por bañarnos en las aguas del río Lete. Instalar el olvido en el presente nos hace irremediablemente, prescindir de lo que somos, aniquilándonos a nosotros mismos. Durante excesivo tiempo hemos bebido un veneno letal.

Es un audaz ejercicio de honradez intelectual y de perspicacia apreciar que servimos y rendimos pleitesía a la ‘Gran Mentira’, dejando un rastro viscoso, ‘liquido’, vacio e inane. Quizás haya llegado el momento de desenmascarar, es decir, arrancar las máscaras de los que toman las decisiones, sin dar la cara. Tibor Déry de cuando en cuando, nos invita a ello.

Hemos mencionado con anterioridad, algunos de sus textos más emblemáticos. Añadiré a estos uno de mis preferidos “Ajuste de cuentas”, que publicó la Universidad veracruciana en 2007, señal de que para los buenos paladares su literatura sigue estando presente. Tomemos buena nota.

Tal vez, lo que lo convierte en un escritor original y casi único, es que vincula la rebeldía con el desencanto, lo que da a sus páginas una enorme vivacidad, mas también, nostalgia.

Cuando las utopías se vienen abajo y perdemos el norte, hace falta coraje para ‘hundir el bisturí’, mostrando cuerpos sociales que han perdido el aliento vital y arrastran pesadamente una existencia anodina.

A algunos creadores los desengaños los acobardan, mientras que a otros los estimulan. Un novelista de raza debe asumir los riesgos que su conciencia le exige y actuar en consecuencia.

Es preciso que el lenguaje sea un estilete que sepa herir y que al mismo tiempo, posea una sensibilidad para comprender lo que le rodea. Para capturar la esencia hay que traspasar, con destreza, el caparazón que impide al creador llegar hasta el fondo.

Estas indicaciones no son baladíes. Es una humilde muestra de curiosidad intelectual, enfrentarse a su pensamiento y a su escritura con ‘unas claves hermenéuticas’ que faciliten la comprensión de las angustias de los protagonistas y las contradicciones en las que están atrapados. Lo esencial tiende a escaparse a las miradas superficiales.

Es un escritor serio, muy serio. Las trivialidades no tienen espacio en las páginas de sus obras. Asume que lo viejo debe dejar hueco a lo nuevo, por dolorosa que sea la experiencia. Demuestra con su fuerza narrativa y su creatividad que lo nuevo y lo viejo son dos caras de la misma moneda.

No hay en su literatura apresuramiento, muy al contrario, ama la lentitud sin hacerse, en absoluto, pesado ni reiterativo. Sabe extraer las posibilidades enriquecedoras que ofrecen los matices y la intensidad de los instantes.

El vacio aguarda. La obscuridad gana terreno. Es más, podría afirmarse que la sensación de orfandad es un juego más, donde la ambigüedad, primero asoma y luego, exige ocupar su lugar.

Se ha intentado y se sigue intentando vigilar y controlar para desactivar. Una sensación moralmente devastadora, es asumir que la amoralidad hace acto de presencia bajo distintas máscaras… y no tener fuerza para evitarlo.

Agujeros negros se han ‘tragado’ los intentos emancipadores. Las utopías para muchos han dejado de tener sentido tras Ernst Bloch.

La vetusta aspiración reaccionaria de encerrar bajo siete llaves a la Historia, reaparece con fuerza. Los detentadores del poder geoestratégico procuran dar cumplimiento a sus infames propósitos bajo una capa de normalidad.

He querido en esta evocación centrar mi interés y mi acercamiento analítico a Tibor Déry. El desconocimiento, unido al desinterés, por la literatura húngara es paradigmático.

El ‘modus operandi’ que he seguido es el de ir de un autor y una época… a la proyección sobre el presente de buena parte de sus ideas, hallazgos, estremecimientos y temores. Además de lo expuesto, me parece digno de ser leída y comentada su “Niki, la historia de un perro”.

No quisiera terminar esta aproximación o este breve ensayo, sin señalar que el desconocimiento generalizado de la literatura y el pensamiento centroeuropeo en general y húngaro en particular, deben dar paso a una mayor curiosidad intelectual y a una lectura y disfrute de sus literatos de mayor relieve.

Una última reflexión. La figura de Viktor Orbán es portadora de un perfil siniestro que contribuye a deteriorar un futuro de convivencia para la Unión Europea. Tibor Déry, un autor valiente que nos dejó hace ya casi cincuenta años, en cierto modo, nos reconcilia, por contraste, con la honradez intelectual.

El ejercicio de la crítica… nos ayuda a recordar que las épocas obscuras, las dictaduras, más o menos, encubiertas y el desprecio a las libertades, acaban superándose cuando hay hombres fieles a las líneas rojas que ellos mismos se trazan, que se niegan a comulgar con ruedas de molino y que nos recuerdan con su ejemplo, las ventajas morales de mantenerse fieles al ideal del humanismo europeo.

Esa es la lección que Tibor Déry representa hoy para quienes no hemos olvidado su legado.

 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.


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