‘El nadador de aguas abiertas’: perder el miedo a la vida
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
Un hombre a punto de pisar la cincuentena se siente fracasado en todos los aspectos: laboralmente desubicado, su mujer le ha abandonado...Y rebuscando en sus recuerdos tiene una frustración que arrastra desde la infancia: su incapacidad para nadar en aguas abiertas. Para superarlo busca el asesoramiento de un antiguo nadador olímpico con la intención de resolver su reto personal.
Sobre el papel esta comedia de dos actores masculinos está trazada por un cierto tamiz de libro de autoayuda cargado con la batería de la ironía. De un arranque trepidante a modo de monólogo en el que el personaje de 'Nilo' (Markus Marín) se está ahogando hasta derivar en una confesión a los espectadores en la que pasa revista a situaciones de su vida, dando lugar a que el segundo de los protagonistas, Adolfo Fernández represente una variada gama de media docena de tipos creados con un abanico que transita de la ternura al puro histrionismo.
En este aspecto la obra es un verdadero reto interpretativo para dos actores en constante acción dinámica sobre las tablas, con un decorado en el que aparecen unos doscientos cubos de plástico transparente, algunos con agua, y unas amenazadoras proyecciones de desatadas olas, creando un espacio muy bien conseguido no solo por el video sino por el sonido y la iluminación, con capacidad para generar escenarios muy distintos y resolver situaciones con un simple cambio de luz.
En su origen está un texto del periodista y nadador de aguas abiertas, como dice el título de la obra, Adam Martín Skilton autor de otras publicaciones en las que se cruza la divulgación deportiva, la exaltación de la vida sana con la autoayuda; adaptado por María Goiricelaya, y dirigido por Fernando Bernués. La clave de esta producción está en el envoltorio irónico que destila toda la obra bajo un sutil humor que no permite grandes carcajadas sino poner amable distancia respecto a lo que podía haber sido una especie de didáctica lección sobre la escena. Por el contrario, la idea original está expresada de manera muy sutil pero a la vez comprensible: la superación del miedo a la vida, afrontando retos en los que muchas veces el rival es uno mismo.
Ese atrayente 'mensaje amable' que preside una función donde no hay tiempos muertos y la acción llega a trasladarse al propio patio de butacas, resulta muy agradecido por la platea que se encuentra con una obra donde hay sarcasmo, un hilo de fino humor y un mensaje siempre positivo: sé tu mismo y trata de transmitir como realmente eres y no como los demás te consideran. El retruécano final de la obra tras los aplausos pone todavía más en evidencia ese tono irónico que preside la función, con un 'happy end' casi impostado que deja un buen sabor de boca final a un espectador que sale del teatro con una visión muy positivista sin necesidad de que la función sea autocomplaciente.
Cometido esencial en esta obra que ahora llega al Teatro Pavón de Madrid después de haberse visto en otras ciudades españolas son los dos actores en un duelo interpretativo nada común. Empezando porque sus propios personajes se distancian de cualquier oro argumento teatral construido en torno a tipos masculinos. Destacando la originalidad de la obra: ofrecer un espectáculo sin aristas pero nada convencional que encierra un gran trabajo detrás tanto de dirección como de actuación, y que resuelve lo que a priori parecía un imposible: contar escénicamente un relato con bastante de material de autoayuda para afrontar situaciones donde se utiliza la natación como paradigma.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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