Los republicanos federales contra la burocracia cultural
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Cultura
En febrero de 1884, y por iniciativa de Francisco Silvela, el Gobierno aprobó la creación en el Ministerio de Gracia y Justicia de una biblioteca especial de códigos, textos legales y jurisprudencia española y extranjera. Para ello se formaría una comisión permanente denominada de “legislación extranjera” con un presidente (el subsecretario del Ministerio), y otros funcionarios y miembros de los Colegios de Abogados, del Notarial, de la Academia de Jurisprudencia, del Ateneo, de la Institución Libre de Enseñanza y de la Sociedad Económica de Amigos del País. Esa comisión tendría como función poner en marcha todo lo relacionado con la Biblioteca, establecer sus fondos y ampliarlos, proponer traducciones e impresiones de obras y publicar el catálogo.
Pues bien, los republicanos federales se hicieron eco de esta noticia, que calificaron de muy positiva, felicitando a Francisco Silvela. Pero desaprobaban el método que se había adoptado porque adolecía de lo que consideraban un viejo vicio español, el de crear comisiones. Es más, les llamaba la atención que dicho ministro hubiera incurrido en esta “rutina”, cuando en una conferencia que había impartido en el Ateneo en el año 1882, es decir, en fecha relativamente reciente del hecho que aquí comentamos, sobre las costumbres de la Administración española, se había referido a una comisión parlamentaria nombrada en 1877 sobre las reformas de la ley de obras públicas, y que no se había reunido aún a fecha de la conferencia.
La comisión estaría formada por quince individuos, y todo ese personal dificultaría, en opinión del periódico La República, las reuniones. La biblioteca necesitaría un bibliotecario con un oficial o dos, nada más. No era necesario un gran consejo para debatir sobre un acopio y organización de obras y textos relacionados con la jurisprudencia: “Un hombre de mediana cultura es suficiente para pedir las Constituciones políticas, los Códigos penales, civiles y de comercio, leyes administrativas, etc…”, y bajo la dirección del ministro. Los republicanos federales creían que esto era más fácil, más práctico y más breve. En la organización administrativa había que obrar con sencillez. Todo funcionario debía ser retribuido, pero el número de funcionarios, en opinión de los republicanos, debía ser el menor posible. Precisamente, al lado de esta columna, en el mismo número de La República había otra que analizaba más en profundidad los denominados “vicios de la administración”.
Podemos acercarnos al número 13 de La República. Diario Federal, que se puede consultar en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.