Giovanni Fattori (1825-1908): La soledad en la espesura
- Escrito por Antonio Chazarra Montiel
- Publicado en Cultura
A ti, bella expresión de lo distinto,
complejidad, araña, laberinto
donde se mueve presa la figura.
Rafael Alberti
¿Por qué nos atrae, nos seduce un lienzo? ¿Por qué preferimos a un determinado pintor por encima de los demás? Quizás por los colores ora fuertes, ora difuminados, quizás por la perfección de su geometría y por encima de todo, por la luz, por las infinitas tonalidades de la luz.
Giovanni Fattori es un pintor poco citado y poco analizado en nuestro país. Sin embargo, siento fascinación por algunos de sus lienzos. Son, en cierto modo, el retorno de lo lejano, los campos que tienen por morada las velas de un molino, los largos resplandores del bosque… esas figuras de campesinos pobres, vulnerables mas, senequistas.
Es el pintor de los sueños desterrados, de una pintura heroica que no suele mostrar las batallas sino la preparación para el combate o momentos posteriores de sosiego. Sus cuadros detienen el tiempo… salvan esos instantes de la destrucción o el olvido. Suelen mostrar gentes humildes golpeadas por la miseria, el dolor y la decepción que reflejan sus rostros.
Hay que tener algo especial para captar, con precisión, las incógnitas que vuelven a metamorfosearse. Es capaz de incorporar sensaciones a sus cuadros como las de los campos improductivos o la angustia que produce la visión de quienes sobreviven sin apenas recursos.
Los pintores que más me interesan son los que reflejan los miedos, esperanzas y frustraciones del periodo histórico en que les tocó vivir. Algunos de sus lienzos son penetrantes… metáforas desde las que entender el entorno espacio-temporal.
Vivió en unos años en que el realismo aún no había perdido prestigio, mas no desdeñó convertir sus impresiones en lienzos, adelantándose en cierto modo, al impresionismo. Para Giovanni Fattori lo más visible es la causa de lo insoportable.
Pertenece a esa raza de pintores para los que la creatividad es, ante todo y sobre todo, una cuestión de espacio. Paradójicamente o no, todo es en el fondo una cuestión de perspectiva. Exalta el horizonte y lo proyecta hacia el porvenir.
Supo tomar decisiones arriesgadas como, siendo academicista atreverse a cuestionarlo. Se identificó con ‘los macchiaioli’, es decir, ‘con los manchistas o manchadores’ precursores de intentos vanguardistas, de ir más allá del realismo, aunque prudentemente. Llegó a ser el máximo exponente de este movimiento. Hago énfasis en esto, porque hay quienes sostienen que no es un pintor de primera línea. Desde mi perspectiva, se equivocan.
Hay quienes lo han calificado como el pintor del ‘Risorgimento’. Esto es cierto, mas va mucho más allá. Sintió la llamada del ardor patriótico ante el proceso de Unificación Italiano. Le sublevaba la dominación austriaca de partes significativas de ‘La bota’; por eso, sus lienzos muestran frecuentemente los combates que dieron paso a la Unificación.
Hasta un momento dado, fue académicamente historicista. Es palpable la influencia que en él ejerció Giuseppe Bezzuoli, de ahí sus pinturas que por regla general, describen escenas de la Edad Media y del Renacimiento.
En el caso de Giovanni Fattori se puede seguir fielmente, tanto su proceso de aprendizaje como sus inquietudes y los rasgos de su carácter que imprime a sus obras.
Nació en Livorno, mas suele adscribírsele entre los pintores florentinos. De hecho, se desplazó a Florencia con veinte años y muy pronto entró en contacto con el denominado Círculo del Café Michelangelo.
Es reseñable que tuvo un proceso de maduración lento, lo que contrasta con la mayoría de los pintores italianos. Hasta los cuarenta años no adquiere un dominio técnico que vaya más allá de los cánones establecidos. Podemos considerar este rasgo como otra de las características que refuerza y ahonda, tanto su carácter de verso suelto, como su originalidad.
En el 2025 conmemoraremos el segundo centenario de su nacimiento. Debido a que España durante siglos, vivió enclaustrada, encerrada sobre sí misma, no entró en contacto con los movimientos artísticos, culturales y de pensamiento europeos con las evidentes consecuencias negativas que esto comportaba.
Debemos recuperar el tiempo perdido y, preocuparnos más por conocer y asimilar, esas corrientes artísticas que no llegaron o lo hicieron demasiado tarde. De una manera o de otra, el ayer pesa mucho y deja su impronta indeleble en la historia de la cultura y de las ideas en nuestro país.
Durante ese periodo Europa vivió años de encuentros y esperanzas. Las vanguardias renovaron el arte y tuvieron su momento de esplendor. Sería una magnífica idea que conmemoráramos el bicentenario de su nacimiento con una exposición sobre Giovanni Fattori que permitiera conocer, por parte del gran público, algunas de sus pinturas y grabados más representativos.
Obviamente, se trata de un excelente pintor que algunos lo consideran precursor del impresionismo y sus obras se encuentran en las principales pinacotecas italianas, europeas y norteamericanas.
Fue galardonado con premios prestigiosos como la Medalla de Oro en la Exposición Universal de París en 1900. Sin ánimo de exhaustividad, baste señalar que sus cuadros figuran entre otros lugares en la Galleria Nazionale d’Arte de Roma, en la Galería Cívica de Arte Moderno y Contemporáneo de Turín, en la milanesa Pinacoteca de Brera o en la Galería de Arte Moderna del Palazzo Pitti, en Florencia… sus lienzos también se exhiben en la Galería de Dunedin en Nueva Zelanda, aunque quizás, quien esté leyendo este ensayo, recuerde más sus lienzos en el Museo de Bellas Artes de Boston. Aparte, claro está, del Museo de Livorno, que lleva su nombre y donde figura una parte significativa de su legado.
Con el fin de hacer un recorrido diacrónico y temático prestemos atención a las siguientes obras que hoy nos son accesibles gracias a internet. Comencemos por El campamento italiano después de la batalla de Magenta es, probablemente, su primera composición sobre el Risorgimento, al que siguieron otras varias. Es de destacar que no le interesa tanto el fragor de la batalla como los momentos de reposo, después del combate. Su pincel adquiere una gran precisión al describir la anatomía de los caballos. Destaca, asimismo, en los paisajes, en las figuras de campesinos pobres y explotados y en los retratos.
El lector interesado puede encontrar, especialmente, dos autorretratos del propio Fattori, uno en su juventud y otro a los sesenta años, cuando el paso del tiempo había dejado huellas ostensibles en su rostro, pese a lo cual mantiene una pose firme, llena de vigor y energía. Ni que decir tiene, que los buenos retratos son aquellos que se realizan con penetración psicológica y que nos dicen del personaje, lo que jamás nos desvelará una fotografía. Repárese en la forma en que combina los colores y en como estos, con la ayuda de la luz, se imponen sobre las sombras. En su pintura el claroscuro tradicional pierde peso e importancia a favor de la modulación de las distancias.
Siempre que se habla de un pintor, me parece relevante su influencia en otros creadores y lo que aportó en cuanto a innovación su estilo peculiar a la historia de la pintura. Es innegable, por ejemplo, la huella que ejerció en Plinio Nomellini y, sobre todo, en Amedeo Modigliani.
Practicó con singular acierto la denominada pintura histórica. Es poco conocida su afición a las novelas históricas, algunas de las cuales le sirvieron de fuente de inspiración. Durante un largo periodo leyó y releyó a autores como Ugo Foscolo, Francesco Domenico Guerrazzi y puede decirse que devoraba con los ojos a Walter Scott. Sentía una inclinación especial hacia las que se denominaron ‘novelas medievalizantes’, es decir, aquellas que se desarrollaban en el Medievo. Es, sin duda otro dato interesante, el que siempre llevaba un cuaderno consigo en el que dibujaba y trazaba bocetos de cuanto le llamaba la atención. Algunos de sus grabados más representativos se basaron en estos apuntes, dibujos y notas apresuradas.
Si hubiera que destacar una pintura de tema histórico elegiría: María Estuardo en la batalla de Langside, mayo 1568, claramente inspirada en unas páginas de Walter Scott. Pese a que experimentó distintas técnicas compositivas –y como hemos observado- sus lienzos tienen no pocas afinidades con los impresionistas, nunca dejó de componer grandes pinturas a partir de bocetos previos. No hay que perder de vista la simplicidad geométrica de sus lienzos y la gran variedad cromática, que constituye una de sus señas más sobresalientes de identidad. En sus lienzos se aprecia un intento consciente e intencional de salvar imágenes de la voracidad destructiva del tiempo. Puede que haya otras interpretaciones, pero ésta da a su pintura un cierto tono tenebroso y angustioso.
En sus cuadros hay mucho más dolor que alegría, sus rostros son serios, escasean las sonrisas. Los caminos por los que se adentra están, metafóricamente plagados de bifurcaciones y desvíos. La memoria nos tiende a cada paso trampas, por eso, hay que preservar lo que vemos de la voracidad destructiva del tiempo, reteniendo para el futuro instantes del presente.
Giovanni Fattori tenía un carácter decidido. Casi siempre es peligroso innovar, por lo que tiene de enfrentarse a los cánones establecidos. Hay pintores, sin embargo, que no temen abrir ‘la caja de Pandora’. Hay que añadir que con frecuencia, con excelentes resultados y siendo capaces de adelantar estilos y movimientos en la rueda del tiempo que no se detiene.
Fue un artista resistente. Tuvo debilidades –¿quién no?- mas dice mucho en su favor, que a base de tesón vencía sus miedos y en cada paso que daba, perfeccionaba más su técnica. Nunca aceptó que le impusieran censuras ni mordazas, si bien rectificaba cuando consideraba que había cometido errores.
El inmovilismo es siempre defendido por quienes son incapaces de vislumbrar el futuro… y, por eso, se refugian en el pasado y son proclives a adoptar decisiones represivas sobre quienes se niegan a seguir sus dicterios.
Giovanni Fattori sufrió en sus propias carnes la amarga sensación de que la inquietud produce dolor. Vivir y experimentar la realidad es mucho más vital y vigoroso que ajustarse dócilmente a los cánones establecidos.
Para quienes estén interesados en explorar la figura de Giovanni Fattori resultará de utilidad la lectura y consulta de Con la matita e col pennello. Giovanni Fattori. Indagini e restauri dei dipinti della Galleria d’Arte Moderna di Palazzo Pitti. (Florencia) de Muriel Vervat y Govanna Damiani. Es un trabajo riguroso acerca de las pinturas de Giovanni Fattori, que se exhiben en el Palacio Pitti, así como de los criterios empleados para la restauración de algunas de ellas.
Prosigamos nuestro acercamiento a este pintor sorprendente. Uno de los aspectos que más me atraen es su tratamiento de la luz, quizás porque es algo más que luz, es a la vez metáfora ¿de qué? de su fuego interior.
Cuando se ha adquirido una técnica depurada, puede firmarse que es cuando los lienzos están en condiciones de echar a volar y proyectarse hacia el futuro, que puede no ser más que la posibilidad de ser contemplados por quienes, aún no han nacido, en el momento de la creación.
La, tantas veces usada de forma retórica, inspiración… no es más que trabajo. Las musas a veces se hacen presentes pero no se dejan embaucar, ni mucho menos empaquetar. Atrapar la luz es tanto como aprehender la belleza.
No es posible ofrecer una panorámica, lo suficientemente amplia para señalar las características de Fattori y situarlo en sus coordenadas espacio-temporales, por tanto, solo pretendo en este breve ensayo ofrecer aspectos que me parecen cruciales e invitar al lector a que continúe por su cuenta, las indagaciones.
Giovanni Fattori rara vez se precipitaba. Su espíritu sensible permanecía abierto a las innovaciones, mas nunca abandonó las tendencias realistas. Cuando visitó París, conoció a diversos artistas franceses como Camille Pissarro, se sintió deslumbrado, eso sí, por Edouard Manet y Camille Corot.
Un elemento más que ayuda a comprenderlo es que su vida estuvo marcada por las dificultades económicas. Atravesó, sí, momentos de desahogo y prosperidad pero fueron mucho más numerosos aquellos en los que se vió golpeado por la tragedia.
No puedo dejar de mencionar sus aguafuertes por su carácter innovador y su técnica depurada de composición. Los más representativos se exhiben en la Galleria Nazionale d’Arte Moderna de Roma. La próxima vez que visite ‘La Ciudad Eterna’, busque un hueco para apreciarlos, con seguridad no lo decepcionarán.
Fue un artista polifacético. Quizás por sus dificultades económicas, quizás por vocación realizó las ilustraciones para una novela de Alessandro Manzoni, así como, casi dos mil para Fiammeta, periódico ilustrado vinculado al crítico Diego Martelli, a quien le unía una fuerte amistad.
En los últimos años de su vida su desengaño fue en aumento y su carácter se agrió. Murió abatido y en soledad a los ochenta y tres años. El curso de los acontecimientos no fue ajeno a su estado depresivo. En lo que acabó convirtiéndose Italia tras el Proceso de Unificación, se parecía muy poco al escenario por el que habían luchado ‘los patriotas’ con tanta energía. Desde luego, lo que podríamos llamar el desarrollo social, estaba muy alejado de sus expectativas. Se unían así sus desilusiones políticas y su alejamiento de las nuevas tendencias pictóricas.
Añadamos, también, -todo artista es en parte, el resultado de quienes le han influenciado- la huella que dejó en su concepción pictórica, su amistad con el pintor romano Giovanni Costa, que tan decisivo fue para que se inclinara tanto a la pintura de paisajes como a escenas de la vida cotidiana.
Hay pintores al igual que escritores o escultores, que tras un periodo de ostracismo experimentan un nuevo renacer. Siempre o casi siempre, vinculado a alguna efeméride. Esperemos que sea el caso de Giovanni Fattori con motivo del bicentenario de su nacimiento.
Las relaciones culturales y artísticas entre Italia y España han sido menos numerosas y fructíferas en los últimos trescientos años de lo que con ostensible desconocimiento –o, al menos descuido- se nos ha venido repitiendo, machaconamente.
La pintura italiana de los siglos XVIII, XIX y XX ha dado de sí autores y escuelas de un notable interés. Ojalá que reconociendo ese ‘debe’ nos entreguemos, sin demora, a la tarea de recuperar el tiempo perdido en el que el fanatismo, la cerrazón, el aislamiento, la incultura y las dictaduras han jugado una siniestra función que explica, en parte, la situación actual.
Antonio Chazarra Montiel
Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.
Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.
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