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Ahorrar un real y crear un Monte de Piedad

El 3 de diciembre de 1702, el sacerdote Francisco Piquer, capellán del convento de las Descalzas Reales, en la villa y corte de Madrid, puso una caja en su habitación y echó en ella un real de plata. Confió tanto en que Dios le multiplicaría esa moneda que llamó a varios miembros de su familia para que fueran testigos de que iba a ser el principio y fundamento de un Monte de Piedad “para sufragio de las ánimas y socorro de los vivos” mediante préstamos.

El sacerdote logró que las autoridades otorgaran carácter oficial de Monte, al acogerlo al Patronato Real mediante Real Cédula de 18 de enero de 1713. Sus normas o estatutos internos fueron aprobados en Real Carta de Privilegio por Felipe V, en Valsaín, por la que fundaba legalmente el Santo y Real Monte de Piedad de las Ánimas del Purgatorio, el 10 de junio de 1718. Con ello, se consolidó el futuro de una entidad que ayudaría a los madrileños. Pero, si las intenciones eran buenas, las mismas conllevaban gastos para favorecer esas ayudas, que muchas personas necesitaban para sobrevivir al duro día a día.

La cuestión de la financiación del Monte la resolvió Piquer allegando fondos de diferentes procedencias: donativos como consecuencia de préstamos y celebraciones religiosas, limosnas particulares, las llamadas “mercedes de Indias” o impuestos a favor del Monte de Piedad sobre las mitras episcopales vacantes en los territorios americanos, donaciones de la Corona para salarios, legados testamentarios y últimas voluntades de madrileños, además de depósitos en metálico de particulares.

¿Dónde se podía instalar esta institución? El sacerdote consiguió que el rey Felipe V le cediese, el 13 de abril de 1713, un edificio en la céntrica plaza de las Descalzas, donde quedó ubicada. Durante los siglos XVIII y XIX, y hasta su unión con la Caja de Ahorros en 1869, la vida del Monte se desarrolló de forma creciente, cumpliendo su labor de ayuda los más necesitados con eficacia y amplitud de miras.

La Caja de Ahorros fue fundada por el marqués viudo de Pontejos, Joaquín Vizcaíno, que logró la aprobación de la reina regente María Cristina el 25 de octubre de 1838. Además de este noble, presidente de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, tomaron parte en su creación el escritor y concejal Ramón de Mesonero Romanos, por medio de sus escritos y gestión personal. Contó con el apoyo de la Matritense y con el de diversas personalidades de la vida madrileña.

Bien es cierto que fue Pontejos quien redactó el proyecto, cuya novedad radicó en la vinculación de la Caja de Ahorros con el Monte de Piedad, de forma tal que los capitales de la Caja pasaron al Monte que los invertía en sus tradicionales préstamos. La nueva institución inauguró sus oficinas en los locales del Monte de Piedad, el domingo 17 de febrero de 1839, siendo costumbre inicial sólo abrir ese día de la semana, para auxilio de los más necesitados. La prensa dio cumplida noticia de esta novedad, siendo las operaciones atendidas por los propios miembros de la Junta Directiva y por personalidades de la vida madrileña. El primer día se realizaron 112 imposiciones, muestra de la buena acogida que tuvo y, a fines de 1839, el importe de las cantidades depositadas fue de más de un millón de reales, y 7.130 el número de imposiciones.

La Caja, mezcla de ideas católicas, ilustradas y liberales, con el objetivo de ayuda social, fomento del ahorro y del fomento económico, continuó su buena marcha en el siglo XIX. En otras provincias, comenzaron a instalarse otras instituciones similares, pues en 1869 la madrileña tenía un saldo de ahorro de cerca de 20 millones de reales, siendo más de 9.000 personas sus impositores, contando con un fondo de reserva de cerca de 3 millones. De esta manera, el 22 de abril de 1869 se produjo la fusión oficial de ambas corporaciones, siguiendo un ritmo ascendente hasta finales del siglo XX.

Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.