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Greguerías y coronavirus


«Un tumulto es un bulto que le sale a las multitudes»

«El camello tiene cara de cordero jorobado»

Greguerías, Ramón Gómez de la Serna1

Toda la sabiduría de este gran vanguardista y trasgresor cultural de la Generación de 1914 se concentra en el choque entre ingenio de artista y realidad para conseguir, mediante la simbiosis del humorismo y la metáfora, una greguería, más sinóptica aún si cabe que un haiku, pues solo consta de una frase, con el que comparte el deseo de provocar asombro y emoción; don Ramón hizo de la greguería algo con categoría de género literario que vino a enriquecer el acervo de la imaginería poética de principios de s. XX y que deberíamos rescatar en los albores de este amargado s. XXI. Una greguería es arte de vida que huele y transpira bullicio y algarabía. Todo eso que hemos perdido.

Las greguerías cultivan la paradoja. No es casualidad que hoy, más que nunca, debamos sacarlas para reflexionar y aprender a reírnos de nosotros mismos, para no tomarnos tan en serio, para dejar de sentirnos permanentemente ofendidos, señalados y aludidos…en serio que no… porque la verdad es que debería importarnos menos ser políticamente correctos que cultivar la capacidad de educarnos y ser generosos con la libertad de expresión de los demás.

No lo olvidemos: sin esto, no hay arte. Sin esto, empezaremos a ser inquisidores y censores de nuestra propia cultura y legado, y nos parecerá justo el terrible acto de prohibir cuentos, poemas, pinturas, películas, esculturas, canciones, etc. Todo lo que atente contra el pacato mirar de los que siempre andan enfadados, viejas del visillo de la era COVID 19. Parece que se nos olvidó lo bien que sientan la libertad y el humor; ahora todo es malo, denunciable o engorda. Pasamos demasiado tiempo en casa, atentos a lo ajeno, por eso propongo leer greguerías y reflexionar sobre su profundo significado, su fineza e ironía, disfrutar de la inmensa cultura que vierte sobre ellas Ramón Gómez de la Serna, que siempre supo ir por libre y ser fiel a sí mismo, porque nunca reconoció más jerarquía que la del talento. Y porque de él podrían aprender mucho las generaciones con prisas y un dedo-ratón que ya no degustan largas novelas ni tienen tiempo para posar su mirada de forma regalada, inconscientes de la libertad perdida por no haberla disfrutado, los mismos que lanzan tuits en esta era digital a diestro y siniestro, a la manera de greguerías confusas, vacíos de aforismos que expresen principios, pues son frases-dardos que buscan hundir o silenciar al que piense diferente. No hay que tomarse tan en serio, grábate las palabras de don Ramón: «Si te conoces demasiado a ti mismo, dejarás de saludarte».

Yo quiero continuar saludándome, ser consecuente, abrirme al mundo, teniendo siempre presente la posibilidad de fuga, y no olvidar nunca que «Existen las esquinas para que puedas arrepentirte del camino que sigues».

1Para echar un vistazo al despacho del escritor: https://www.youtube.com/watch?v=8KcQln-9ukA&list=PLvNqBjdJ6HjMzBjLFZfgr4tEadtyf1gMS&index=1

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