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Los mitos de Cthulhu, ¿tienen los monstruos forma de virus?


«A mi parecer, no hay nada más misericordioso en el mundo que la incapacidad del cerebro humano de correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de mares negros e infinitos, pero no fue concebido que debiéramos llegar muy lejos»

La llamada de Cthulhu, 1926, H. P. Lovecraft

Los libros de Lovecraft se alimentan de los miedos abisales y atávicos de los seres humanos. Las pesadillas entran por los ojos y el Necromicón (el mítico e inexistente libro de poderosísima magia del poeta árabe loco Abdul Alhzared tan buscado en la red) las alienta y estimula, mientras «En su casa en R'lyeh, Cthulhu muerto espera soñando». Las tres últimas palabras te dejan seco.

Parece que esta ciudad sumergida en el Pacífico, heredera oscura de tantos cuentos de atlantes y habitantes anfibios, lleva un tiempito pugnando por emerger a base de tremendos golpes de agua, tsunamis y maremotos para traer de vuelta los tiempos primigenios donde el caos reinaba antes de que apareciera la raza humana. Y ahora, sus dioses oscuros y poderosos vuelven a manifestarse en este cierre de ciclo, que amenaza con volver a hacernos desaparecer. Cthultu se ha despertado dando rienda a su nueva era de destrucción y desatando el caos en la Tierra.

Tantas catástrofes naturales juntas que hemos sufrido pudieran otorgar visos de realidad a lo que Lovecraft y los suyos imaginaron: que llegó la hora en que el monstruo extraterrestre de las profundidades marinas, con pinta de anfibio y pulpo feo, haya hecho la digestión y se levante ahora ayudado por otros seres y por humanos cuya sangre está mezclada (léase mejor infectada) con la de estas criaturas. Y aunque dé miedo pensar que existan Primigenios, dioses arquetípicos profundos y humanos abyectos servidores de los monstruos, ahora son tan sutiles que ni los hemos notado hasta tenerlos encima. En realidad, estamos rodeados de ellos; nos abducen, son verdaderos monstruos con tentáculos mucho más largos y ventosos que los de Lovecraft y su círculo, generaciones de escritores que alimentaron el mito.

Lovecraft consigue que nos sintamos, cuanto menos, desamparados. Porque el terror que asoma por sus páginas es lo que acecha en lo cotidiano oculto entre las sombras. Y como siempre hemos temido la oscuridad y lo que no vemos, el resultado es la degradación de la cordura que provoca pesadillas y obnubila la razón. Corran los tiempos que corran y por más adelantos y conocimientos que tengamos, el miedo siempre nos paraliza y debilita.

Y entonces, a quién le extrañaría que empezaran las elucubraciones: ¿Y si el monstruo se ha reducido para hacerse virus y navegar y penetrar en los cuerpos creando una ráfaga de miedo e impotencia mucho más poderosa, pues ya no necesita esperar que lo liberen de los abismos para dominar la humanidad?

Quédate con esta frase: «Vinieron de las estrellas y trajeron consigo sus imágenes». Vaya longline de guion.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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