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La Celestina y las pócimas milagrosas que todo lo curan


«Cuando el corazón está embargado de pasión, están cerrados los oídos al consejo, y en tal tiempo las palabras sensatas, en lugar de amansar, acrecientan la saña»

La tragicomedia de Calixto y Melibea y de la puta vieja Celestina, ca. 1500, Fernando de Rojas

Una vez más Salamanca… el inicio del humanismo renacentista español asomando por las aulas de Nebrija, pupitre del bachiller aventajado y probable autor de La Celestina, camino hacia el huerto de Calixto y Melibea tras la catedral vieja, mirando al Tormes, leyendo acerca de admoniciones ejemplarizantes sobre las consecuencias nefastas del amor apasionado e improcedente, presentadas en clave de comedia y de tragedia como la vida misma, con sus inevitables y fatales efectos, por escuchar a quien no debes, ejemplarizando a base de contraponer estatus y caracteres … y de nuevo la contienda de castas. Por si alguien creyó que hablar de castas era moderno, lamento desilusionarle, te lo dice Fernando de Rojas: «Miserable cosa es pensar ser maestro el que nunca fue discípulo».

La obra no va de amor, aunque lo exponga en todas sus variantes; va de unos personajes encargados de representar mundos opuestos dentro de los cuales, sin embargo, el individualismo y el egoísmo están exacerbados. Todos buscan satisfacer sus deseos e instintos y no se paran en mientes. Todos quieren el poder, el goce y el dinero. Y así no hay proyectos en común, ni una sociedad que avance. Seiscientos años después no somos tan distintos de ninguno de ellos (los de arriba y los de abajo) y los Pármenos inocentes siguen siendo vencidos y corrompidos por la codicia campante.

Las bajas pasiones son la llave para abrir todas las puertas. El candado se rompe con el sortilegio de palabras que no amansan, sino que acrecientan la saña.

Por eso triunfó y seguirá triunfando la alcahueta Celestina, la «rehacedora de virgos», unos de los seis oficios de esta vieja pluriempleada, pues también es vendedora de sexo y hechicera de ungüentos y sortilegios, lista y terrenal como ella sola, maestra del lenguaje y su poder, perfecta política si viera en este siglo de grandes seductores de palabras. Ella sabe bien que «la ajena luz no te hará claro, si la propia no tienes» pero si eres lo bastante torpe como para ponerte en sus manos, te venderá sus mejunjes curalotodo sin pestañear. Una vieja y puta alcahueta, sin temblor en las palabras, que comercia con virgos y saludes al son del tintineo de las monedas en su faltriquera. Perfecto fenotipo detectable al menor giro de cabeza o dedo pulsador. La Celestina te escucha, te regala el oído y te vende la pócima curalotodo mientras te atrapa irremediablemente en sus redes, mientras alrededor se prepara la desgracia ajena y propia y todo conspira para la traca final. Hay muchas celestinas rodeándonos, solo que somos tan torpes y ciegos como Calixto y Melibea retozando en el huerto y cuando por fin abramos los ojos a la realidad, igual es demasiado tarde y su brebaje ya nos ha emponzoñado de verdad, y no habrá vacunas que nos salven.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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