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EL PERIÓDICO
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Luces de bohemia, claros de esperpentos


«Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada»

Luces de Bohemia, 1920-24, Ramón María del Valle-Inclán

Todo sucede en un día: Max Estrella, poeta mísero, ciego lúcido, y don Latino de Híspalis (ahí es nada), son dos bohemios grandilocuentes, vanos e inútiles incapaces de conseguir nada más que emborracharse. Todo es trágico, esperpéntico, exagerado, procaz y mísero, tanto, que cuando el protagonista aparece muerto al día siguiente, la miseria en la que vive arrastra a su mujer e hija al suicido. Antes, don Latino, aún tuvo tiempo de robarle la cartera a su amigo el moribundo. E, ironías del destino, dentro había un billete de lotería que resulta premiado. La vida no es justa. Ni nunca pretendió serlo.

Qué acertado que Valle-Inclán pensara en el esperpento como retrato de la España de principios del s. XX, y que el personaje de Max Estrella estuviera inspirado en el bohemio Alejandro Sawa el cual, en palabras del propio autor, «Tuvo el final de un rey de tragedia: loco, ciego y furioso». España siempre fue tema de reflexión dolorosa para los intelectuales, imbuido del sentimiento trágico de la vida unamuniano, de país-caricatura con esperpéntica retranca gallega.

Esta es obra paralela y amiga de la España invertebrada de Ortega y Gasset. Vista a través de espejos cóncavos, que deforman hacia fuera, y convexos, que deforman hacia dentro, en realidad distorsionada. Dolor de una generación perdida entre las dos Españas. Luego vendría otro tipo de España, una sola, en la que la crítica sería agriamente perseguida y censurada. Por eso quizá la obra no pudo estrenarse en nuestro país hasta 1970…Pensándolo bien, el autor, en el fondo, tuvo suerte y falleció, como otro grande, Unamuno, a principios de 1936, con lo que se ahorró toda suerte de amarguras. Aunque no puedo dejar de pensar en lo que daría por leer lo que ambos hubieran escrito de estar vivos. Porque no dudo en absoluto de que Valle-Inclán apenas reescribiría esta obra de teatro; a lo sumo, la actualizaría un poco más. Unas pocas pinceladas y lista para el consumo en nuestro siglo de sala de espejos.

Aunque ya no hace falta ser un bohemio para encontrarse con el esperpento, pues lo tenemos asomando cada día por las pantallas (ahora planas, ni cóncavas ni convexas) de nuestros dispositivos, llenas de seres absurdos en busca de popularidad y seguidores zombies, yo les diría que no se conformen con sucedáneos y que vivan la madrileña ruta de La Noche de Max Estrella, cortesía de la cofradía de la Irreal Academia del Esperpento, un recorrido en magnífico homenaje por los lugares valle-inclanianos incluidos en la obra, cuyo punto de partida es el Callejón del Gato, donde hubo hace años dos grandes espejos, uno cóncavo y otro convexo, que insuflaron la visión deliberadamente deformada que el autor elevó a categoría de estilo literario.

Nos hemos inventado muchas cosas, la picaresca es nuestra, pero esto del esperpento no tiene parangón. Pasen y vean.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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