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Los santos Inocentes y las milanas bonitas


«Pero el que más y el que menos todos tenemos que acatar una jerarquía,

unos debajo y otros arriba, es ley de vida, ¿no?»

Los santos inocentes, 1981, Miguel Delibes

Esta dura novela narra las precarias condiciones de vida de una familia oprimida de campesinos en un cortijo de un latifundio extremeño, en la década de 1960, con las relaciones de subordinación y sometimiento a los señoritos franquistas, cuya figura central es Azarías, el grande, el inocente de 61 años cuyo limitado mundo da pie a este libro escrito con la maestría de la mirada observadora, crítica y compasiva de Miguel Delibes. Azarías extiende sus alas y vuela con sus pájaros, los cuida y vuelca en ellos los afectos y atenciones de los que él mismo carece. Los seres naturales se entienden entre sí. Todo se tuerce cuando la ilusión por la nueva grajeta que le regala su sobrino se ve arrebatada por un simple mal día de caza del señorito Iván. Las encinas extremeñas, columnas del paisaje, sentencian la suerte del déspota y lo acogen entre sus ramas, mientras Azarías, subido al árbol, tira de la soga que lo ahorcará. Grande también Paco Rabal y todo el elenco de una gran película que atrapa el alma del libro.

Pasados los años sigo viendo los mismos caciques y señoritingos de casi siempre campando por sus respetos, descorteses, poniendo el pie sobre cuellos ajenos. Que existen es cierto, aunque se hayan trasladado en masa a la ciudad. Lo que a mí me gustaría saber es con qué método de labor de zapa se ha conseguido hacer creer en la clasificación antinatura de ciudadanos de primera y de segunda, en una esclavitud que sigue siendo, paradójicamente, consentida en nuestro s. XXI. Se sigue esclavizando al pobre, al indefenso, al débil, al bueno… se le doblega y acorrala hasta que el miedo y la sumisión quedan tatuadas en su alma. Y luego, le arrancan de cuajo la esperanzas y los sueños y le obligan a huir hacia destinos aciagos y ciegos, aislado en fronteras migratorias, para que aprenda que con ellos está mejor.

Ahí radica su poder. Desde su Casa Grande, los poderosos de siempre siguen deshumanizados y deshumanizando, defendiendo a dentelladas su cuota de poder, destruyendo el arte, la poesía, la palabra, la libertad y el aire, encerrándonos en cárceles con barrotes irrompibles por invisibles, cabezas de ganado para alimentar su ego y su apetencia por dominar y someter sin remisión.

Los santos e inocentes tienen siempre su contrapunto en los pecadores y culpables. Unos son espejos de otros, y entre sí, y sirven para reflejar los contrastes de nuestra sociedad. Más allá de lo anecdótico, lo triste de ello es que cualquier reflexión medianamente sincera al respecto deja entrever con claridad meridiana lo despacito que caminamos hacia la igualdad. Ya ni me atrevo a decir que evolucionamos, porque hay dudas más que razonables de que lo estemos haciendo.

Y ya no vuelan las milanas bonitas, ya las han exterminado. Ya no hay cielos para ellas y todas están encapuchadas, sometidas sin remedio al largo yugo del terror.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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