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En la fraga del bosque animado


«La fraga recuperó de golpe su alma ingenua, en la que toda la ciencia consiste en saber que de cuanto se puede ver, hacer o pensar sobre la tierra, lo más prodigioso, lo más profundo, lo más grave es esto: vivir»

El bosque animado, 1943, Wenceslao Fernández Flores

Esta es la novela del bosque que un autor poco afecto al franquismo convierte en un reducto de ensueño en plena posguerra, un recóndito paraje gallego donde personajes y seres animados e inanimados cobran vida propia. Así, del ministro de la censura solo queda el apellido vaciado de significado y este se traslada al lugar repleto de voces y ecos, la fraga, donde los seres humanos son en realidad gritos discordantes dentro de una naturaleza en paz y armonía consigo misma. Por eso esta novela está poblada de estancias, que no capítulos, cada una hogar de entidades con personalidad propia ̶ me gusta el murciélago Apaganoites que cose las sombras en un lugar donde el tiempo no puede ser medido ̶ y me gusta el ladrón de caminos vocacional Fendetestas, con mono perpetuo de cigarrillos, lo que siempre le vale terminar intentando conseguir parné casándose en Soria. O Pilara, pobre niña que hace trabajos dignos de Hércules al revés, por culpa de un duro. Metal de la discordia entre recodos y barros del camino.

Aquí, la vida está en la fraga de Cecebre, el mismo municipio donde el autor pasaba encantado sus veranos. A pesar de su vida en la capital y su posterior exilio, la fraga es su recuerdo y refugio; nada tiene más arte que retirarse e ir a hundir las pisadas en el mundo que nos habita y que aparentemente hemos olvidado. Quizá sean ganas de escapismo, en el gris uniforme de la España franquista, quizá también sabiduría galega y genio de artista que columpia las palabras mientras acuna sensaciones y sentidos haciendo esas filigranas tan del norte, diciendo sin decir, a la gallega.

Wenceslao Fernández Flores, uno de esos pocos autores a los que siempre hay que nombrarlo todo junto y de un tirón, es el padre del realismo mágico aquende los mares, hombre culto, inteligente, sagaz, despierto y ameno, polifónico y polisémico, médico frustrado por la pobreza que la escritura ganó, autor prolífico de muchas novelas y cuentos, también artículos, que todo da de comer.

El bosque animado es una novela imprescindible en la literatura, está llena de personajes apetecibles, envolventes, de esos que te encantaría conocer; además de ser un relato adelantado en el respeto al medio ambiente y la sostenibilidad; es una novela divertida, resiliente y llena de serendipias, salpimentada con fábulas al más digno estilo de Esopo, si este hubiera tenido el honor de ser gallego… faltaría más.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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