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El juego de Ender


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Bienvenido a la raza humana. Nadie controla su propia vida, Ender. Lo más que puedes hacer es elegir ser controlado por personas buenas, por personas que te quieran»

El juego de Ender, 1985, Orson Scott Card

Este es el primer libro de una premiada saga de ciencia no tan de ficción, con exitosas películas, cuya trama trata sobre la Tierra amenazada por una especie extraterrestre: los Insectores, unos bichos con facultades telepáticas emperrados en destruir a la buena raza humana. Para poder vencerlos, esta sociedad futurista distópica que solo permite tener dos hijos por pareja ̶ ya empieza a sonarnos, ¿verdad? ̶ hace una excepción y aprueba que una familia tenga su tercer hijo/salvador. Tenía que ser el tercero, a la vencida, y no es casual, dado que el número tres tiene una gran importancia en la simbología de cuentos y sagas y aquí no podía ser menos.

Ender, el tercero, reúne en sí las cualidades de sus otros dos hermanos sin adolecer de sus fallos y, por lo tanto, es el único que puede lograr equilibrar las cosas. En los cuentos, el tercero siempre termina casándose con la princesa, una vez vencido todo tipo de vicisitudes y aventuras y a pesar de las zancadillas y la envidia de sus hermanos mayores. El tercero es el que reúne la dualidad y aglutina en él las virtudes y defectos en su justo medio. Ender, el exterminador, nace ya condicionado después de que sus dos hermanos (dos intentos: varón y hembra) hayan demostrado no ser aptos para la misión. El chaval es separado de su familia, que también es para echarla a comer aparte, y comienza a ser entrenado en eterna competición contra otros chicos en una estación espacial a gravedad cero, o sea, en condiciones biológicas extraterrestres, hasta que su inteligencia y entrenamiento le convierten en líder nato y, por ende, en la única personita capaz de dirigir a las flotas terrestres contra los insectos de otros mundos. Ender es forzado hasta sacar su máximo potencial, es explotado y engañado cuando cree estar jugando una batalla simulada en la red… cuyo final no es sino el comienzo real de la historia.

Y aquí estamos nosotros, ante una sociedad (no tan) futura donde los soldados se hacen a medida desde niños, un ejército adiestrado bajo el tema «Los seres humanos son todos instrumentos que los demás usan para que podamos sobrevivir todos», lo que plantea otro gran dilema moral: la utilización de menores para salvarnos y la educación aséptica en pro de un mayor bien social a costa del individuo. De nuevo, los ejemplos sobran, y me asusta comprobar la cantidad de similitudes que vemos hoy en día en nuestra sociedad enferma, envejecida y acobardada que no protege a sus pequeños. El miedo que nos atenaza en estos tiempos apocalípticos de virus nos ha polarizado in extremis, y creemos que los niños nos servirán de escudo. Demasiado tarde, ya no sirve, pues la destrucción o la salvación total no depende de nosotros, sino de fuerzas poderosas más allá de nuestro alcance, que no son extraterrestres, que están a nuestro ladito.

Así que ya no pueden mentirnos, aunque quieran, aunque «algunas veces las mentiras sean más de fiar que las verdades». O. S. C. dixit.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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