Lo que nos faltaba: la pertinaz sequía
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Editoriales
'La democracia de la incertidumbre frente al nacional populismo'.
En los últimos meses se ha generalizado la sequía en buena parte de la península ibérica, afectando al régimen de lluvias, al nivel de los embalses y como consecuencia a la producción agrícola y a la disponibilidad de alimentos, hasta el punto de que se habla no solo de la pérdida de las cosechas y del mantenimiento de los altos precios de los alimentos, sino quién sabe si también del racionamiento del agua de boca durante este verano.
Parecía imposible que después de lo que nos ha ocurrido en los últimos años fuéramos a encadenar una nueva catástrofe, pero aquí está la pertinaz sequía. De sufrir primero los rigores de la pandemia de la covid19 y más recientemente las consecuencias energéticas y de la escalada de precios, en particular de los alimentos, a raíz de la invasión y la guerra de Ucrania desde hace más de un año, y más tade de los incendios explosivos sufridos como consecuencia de las últimas olas de calor como producto, entre otros factores como el despoblamiento, debla emergencia climática.
La primavera de este año está resultando particularmente seca tras un otoño e invierno que acumulan unas precipitaciones un veinte por ciento por debajo de lo normal, según la Aemet. Cómo consecuencia, la media de los embalses solo alcanza la mitad, sobre todo gracias al buen nivel de los embalses del norte, aunque en el sur y en el este de la península apenas llegan a una tercera parte. En total un veinticinco por ciento menos de la media de los últimos 10 años. En resumen, no ha habido otra sequía igual que se recuerde en los últimos treinta años.
Cómo consecuencia directa, en este año se volverá a reducir el empleo en el sector agrario así como de su aportación al PIB que disminuirá considerablemente, en particular en el sur y en el este de la península. Todo ello incide en el agravamiento del malestar de los agricultores y ganaderos afectados, así como de los consumidores que vienen sufriendo los efectos, unos de los precios de la energía, los piensos y los fertilizantes y ademas por la larga sequía y otros por su impacto sobre la subida de los precios, que si el tiempo no cambia en las próximas semanas como poco se mantendrán tan altos como ahora. En este contexto, hay quien prefiere agitar los bulos y la teoría de la conspiración contra el gobierno de coalición y la agenda 2030 que asumir su parte de responsabilidad para con la naturaleza y la humanidad.
En todos estos casos la política española se ha polarizado, de un lado entre la racionalidad con base científica y de otra parte la negación del problema para así mantener el autoengaño de una apariencia de normalidad. En realidad entre el equilibrio de intereses contrapuestos con la primacía del interés general y el negacionismo populista del sálvese quien pueda.
Por eso, aunque también parece un disparate, no es casualidad que precisamente en coincidencia con los rigores de la sequía, se haya presentado la proposición del PP y Vox en el parlamento andaluz, en relación a la legalización de regadíos en el entorno de Doñana, a pesar de la oposición de las organizaciones científicas, del ministerio para la transición ecológica y de la Unión Europea. Con ello se enfrentan de nuevo dos formas de abordar el problema. La racional y científica de reducir las explotaciones ilegales y de paliar los efectos sobre los posibles afectados, y la de legalizar los regadíos a costa del agotamiento de las lagunas y marismas de Doñana. Y todo ello con unas elecciones locales y autonómicas a un mes vista.
De igual modo el gobierno deberá responder a la exigencia de las organizaciones agrarias poniendo en marcha medidas urgentes con respecto a los seguros y las ayudas de la PAC que contribuyan a sostener las explotaciones agrarias, así como el observatorio y la cesta básica de la compra para los sectores más frágiles y vulnerables. Frente a esto continuara el mensaje demagógico dirigido a agricultores y consumidores. En definitiva, las mismas posiciones y los mismos mensajes que se han enfrentado con respecto a la gestión de la pandemia y al cambio climático. Una disyuntiva en la que también nos va la vida.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.