El derecho de asociación en la España del siglo XX
Hace un tiempo repasamos en El Obrero la historia del derecho de asociación en la España del siglo XIX. Ahora nos acercamos al siglo XX.
- Publicado en Textos Obreros
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
Hace un tiempo repasamos en El Obrero la historia del derecho de asociación en la España del siglo XIX. Ahora nos acercamos al siglo XX.
La limosna ha tenido una importancia capital en la Historia, especialmente en las Edades Media y Moderna. En este artículo intentaremos acercarnos a su estudio en el mundo católico, aunque de todos es conocida su relevancia en el Islam, ya que es uno de sus pilares.
La situación de los judíos con la llegada de los musulmanes a la península Ibérica mejoró claramente en relación con la que padecían en el reino visigodo, cuestión que debe tenerse en cuenta a la hora de explicar el apoyo que dispensaron a los invasores. Los judíos vieron reconocido el derecho al libre ejercicio de su culto, y conservaron sus comunidades en los lugares donde estaban asentados, destacando su presencia en Córdoba, por ejemplo. Vivían en barrios propios y separados de la población musulmana con sus sinagogas, aunque debían solicitar un permiso para levantarlas, con sus propias leyes y autoridades, como el basi, que representaba a la comunidad judía de un lugar ante las autoridades musulmanas.
En la sociedad industrial del siglo XIX, los obreros terminarían por desarrollar una conciencia de clase propia y surgirían nuevas formas de conflictividad social, desde la destrucción de máquinas a la creación de asociaciones de trabajadores, participando también en las luchas políticas. Este nuevo fenómeno social y político es denominado en la Historia como movimiento obrero.
Los holandeses desarrollaron un intenso interés por penetrar en Brasil al terminar la Tregua de los Doce Años con la Monarquía Hispánica, coincidiendo con la creación de la Compañía de Indias Occidentales en el año 1621. Debemos recordar que Portugal y sus posesiones coloniales estaban insertas en la Monarquía Hispánica desde que Felipe II accedió a la Corona lusa en el siglo anterior. Los holandeses y españoles reiniciaron las hostilidades y Brasil sería un objetivo de este enfrentamiento. Los holandeses se apoderaron de Salvador de Bahía en 1624, aunque la ocupación solamente duró unos meses gracias a la intervención de Fadrique de Toledo con una flota de 26 navíos y unos 3.500 soldados que desembarcaron y recuperaron la capital brasileña. Esta recuperación fue muy celebrada. En este sentido se encargó a Maíno un lienzo alegórico en el que aparecen el rey Felipe IV y el conde-duque de Olivares, además del general victorioso.
La cuestión del trabajo infantil en España comenzó a abordarse claramente en el Sexenio Democrático. A partir de la Revolución de 1868 se empezó a plantear la necesidad de abordar la cuestión social, superando la supuesta neutralidad liberal del Estado. Intentaremos explicar en este artículo lo que hizo en materia legal en en esta intensa etapa de la Historia
En este breve apunte queremos aportar la opinión de la escritora Regina García, a principios de los años treinta, sobre las dificultades para que se desarrollara la afiliación sindical de las mujeres.
“Nec pluribus impar”
En el año en el que se cumple el aniversario del fallecimiento del rey Luis XIV, considerado por la historiografía como el modelo de monarca absoluto, abordamos en este trabajo el estudio de la formación del mismo, de cómo se creó una personalidad tan determinante en el devenir histórico de Francia y de toda Europa en la segunda mitad del siglo XVII.
Cuando estudiamos la Liga de los Proscritos aludíamos a Theodor Schuster como uno de sus líderes y más activos miembros. En este nuevo trabajo queremos profundizar en su vida y obra, por su protagonismo en las primeras etapas de la Historia del socialismo, especialmente por la importancia que dio a la ideología en relación con la revolución y el cambio.
El nacimiento de la III República francesa fue en extremo complicado por tres factores: la presencia prusiana en la Francia recién derrotada en Sedán, el estallido de la Comuna en París, y por el poder de las fuerzas políticas monárquicas. A pesar de todo este panorama, al final se consolidó el nuevo régimen. En este artículo estudiamos este intenso período de la historia contemporánea francesa y de cómo se pudo establecer la República.
Además de las acciones del ludismo y la lucha por las mejoras salariales, los obreros españoles comenzaron también a movilizarse por el reconocimiento del derecho de asociación en los años treinta del siglo XIX. Al calor de los cambios de signo aparentemente progresista que traía la promulgación de la Constitución de 1837, los obreros de Barcelona solicitaron al gobernador permiso para poder asociarse, junto con la petición de que interviniese para conseguir un aumento salarial. La Comisión de Fábricas se opuso a ambas pretensiones. Los patronos catalanes respondieron con el argumento típico del liberalismo económico sobre las relaciones individuales entre el empresario y el trabajador. El primero era libre de poder despedir al obrero, como éste de dejar su trabajo. El asociacionismo, la creación de una organización obrera, de un sindicato, lógicamente distorsionaba esta relación. Pero los trabajadores de Barcelona siguieron insistiendo en su solicitud. Al año siguiente se dirigieron al capitán general, aunque con el mismo resultado negativo.
Siempre inspirándonos en la Historia nos preguntamos en este ejercicio sobre las denominaciones de España en nuestro ordenamiento jurídico de la época contemporánea porque, ¿Qué es y ha sido España desde 1812?
Fernando de los Ríos Urruti fue elegido diputado en las elecciones celebradas el 28 de junio de 1931 a Cortes Constituyentes por Granada-capital. Fue el candidato que más votos sacó con 17.006 sufragios. Esta circunscripción tenía derecho a tres diputados.
La Segunda República llegó de forma pacífica. Se trató de una excepción en la historia contemporánea española, ya que los cambios bruscos de situación política se habían producido con una mayor o menor carga de violencia. Así se puede comprobar en el bienio 1835-1837 cuando se consiguió que la Corona se inclinase definitivamente hacia la construcción de un Estado liberal para superar el régimen del Estatuto Real, en 1854 con la Vicalvarada que terminó con el monopolio moderado en el poder y abrió el Bienio Progresista, o con la Revolución de 1868 que derribó el régimen isabelino y trajo la intensa etapa del Sexenio Democrático. Las razones que pueden explicar esta paz social y que aquellos días de abril fueran los de una fiesta popular en el auge de la primavera deben encontrarse, especialmente, en la confluencia de diversos sectores políticos y sociales a favor del cambio, superando momentáneamente sus diferencias (republicanos de distintas tendencias, socialistas y nacionalistas) o dejando hacer (anarcosindicalistas), junto con la presión popular en la calle que sorprendió a partidos y sindicatos. Por otro lado, tiene que tenerse en cuenta el desbordamiento que supuso para las fuerzas dinásticas y conservadoras la rapidez de los acontecimientos, y que impidió actuar, sin olvidar que era impensable seguir defendiendo con energía la causa monárquica, completamente desprestigiada al vincularse con una dictadura que había liquidado el régimen constitucional liberal.
La Cámara de Castilla fue un organismo de extraordinaria importancia en el conjunto de la administración central de la Monarquía Hispánica, y que surgió en el Consejo de Castilla, aunque terminó desgajándose del mismo y elevarse al rango de Consejo con el rey Felipe II, que dio unas instrucciones, al respecto.
Manuel Núñez de Arenas, uno de los intelectuales más intensos que ha tenido el PSOE en su historia, aunque terminara en el PCE, fue el fundador de la Escuela Nueva, planteando un modelo de formación para los trabajadores muy estimulante, y al que hemos dedicado atención en distintos artículos en El Obrero. Pues bien, también participó en 1913 en esta especie de debate que se suscitó en las páginas de El Socialista sobre los libros y los trabajadores, y que inició Rafael Urbano.
El asunto de quién debía ocupar el trono de España se convirtió en una cuestión internacional que retrasó el período de provisionalidad del Gobierno nacido de la Revolución de 1868 y permitió que, a pesar de los esfuerzos de Prim, creciera más la oposición de republicanos y carlistas. El candidato más idóneo, al parecer, era el hijo de Víctor Manuel II rey de Italia, Amadeo de Saboya. En principio, cumplía todos los requisitos: miembro de una Casa real con tradición liberal, católico y su elección no inquietaba ni a Francia ni a Prusia. Las Cortes le nombraron rey el 16 de noviembre de 1870 por un escaso margen de votos.
La Casa del Pueblo de Madrid decidió en el verano de 1913 que su biblioteca fuera circulante, es decir que todos sus socios pudieran llevarse libros a sus casas, fábricas o talleres, para que no solamente disfrutasen ellos de la lectura, sino también sus allegados.
Estimulado por los artículos de Rafael Urbano sobre los libros que debían ser leídos por los socialistas, el tipógrafo, escritor y periodista Juan Almela Meliá decidió aportar su contribución al asunto. Recordemos que Meliá fue un fundamental periodista vinculado a la prensa socialista, seguramente uno de los mayores publicistas que ha tenido, en nuestra opinión, el Partido Socialista en toda su historia.
En el último tercio del siglo XIX la industrialización se intensificó y se extendió, surgiendo nuevas potencias industriales y desarrollándose el sistema capitalista, provocando una creciente internacionalización de la economía. El desarrollo industrial y capitalista impulsó la interrelación de la economía mundial. Las potencias industriales de Europa y Estados Unidos producían y exportaban manufacturas, servicios, capitales y hasta mano de obra, mientras que otros países y las colonias proporcionaban materias primas y recursos energéticos. En el siglo XIX se creó el mercado internacional de la Historia.
La legitimidad define la cualidad que tiene un poder o sistema político para que su autoridad emane del consenso social articulado en un compromiso tácito entre los que gobiernan y los gobernados, sin tener que recurrir a la coacción o amenaza de la fuerza.El concepto nació en plena época de la Restauración después de la derrota de Napoleón. En ese momento histórico se vinculaba a la necesidad de devolver el poder a los monarcas absolutos, por lo que se declaraban ilegítimos los sistemas políticos sustentados en la soberanía nacional, fruto de las primeras revoluciones.
El nuevo reino de Italia, nacido en el largo proceso de unificación, se incorporó al imperialismo europeo en la década de los años ochenta del siglo XIX. Las miras italianas estaban dirigidas hacia África. El primer episodio importante tuvo lugar en el año 1882 con la compra de la bahía de Assab en la costa africana del mar Rojo. En 1885, los italianos completaron la ocupación de Eritrea cuando adquirieron Massaonah. Los primeros problemas llegaron en la zona cuando se intentó penetrar hacia el interior, ya que los abisinios derrotaron al ejército italiano en Dogali. Este hecho provocó un escándalo en Roma que se saldó con una crisis del gobierno Depretis y la llegada de un político que procedía de la izquierda, Francesco Crispi, figura clave a partir de entonces en el final del siglo XIX. Crispi comenzó ocupando la cartera de Exteriores.
Terminamos la serie dedicada a la bibliografía para la formación de un socialista de Rafael Urbano en el verano de 1913. Hemos comentado “los libros que hacen”, también los “libros que sostienen”, y ahora nos quedaban los “libros que impulsan” a un socialista.
Federico II de Prusia fue un monarca que se destacó en la época del despotismo ilustrado en su versión prusiana.
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