Recibidos por una música que suena en el patio, los niños van entrando a sus aulas. Comienza el día en el CEIP San Isidoro de León.
Este centro público es una especie de “irreductible aldea gala” en la que los libros de texto han salido disparados como soldados romanos gracias a la fuerza que la pócima del trabajo por proyectos proporciona a sus maestros. Estos resisten valientes en medio del imperio de las prácticas docentes instruccionales, inspirados por su directora, druida y jefa de tribu al mismo tiempo. Es decir, abandonando la metáfora: es uno de esos pocos centros de Educación Primaria en los que el qué y el cómo se enseña son dictados por las necesidades de aprendizaje del alumnado y no por el mercado editorial.