‘Sibaris’: el espíritu burlón de Domingo Villar sube a escena
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
Vigués, aunque ocasionalmente residente en Madrid, Domingo Villar (1971-2022) escribía en gallego y con rapidez lo traducía al castellano, también iba leyendo a su padre lo que iba componiendo casi a modo de constante corrección y de opinión. Casado con una aragonesa y padre de tres hijos su obra literaria se resume en una novela aparecida en 2006, 'Ojos de agua', a la que siguió en 2008 su gran éxito 'La playa de los ahogados', cerrado con 'El último barco' (2019), un ciclo de tres novelas que podrían adscribirse a un formato de 'thriller' casi melancólico donde el lector puede esperar desafíos mentales, pero donde no aparecen tiroteos, balazos a granel, persecuciones de 007 ni titánicas peleas. En ellas creó a un personaje 'Leo Caldas', un atípico policía caracterizado por una cierta timidez, acompañado por su ayudante de procedencia aragonesa, desplazándose por escenarios muy identificables de Galicia contados con evidente sensación de ternura: de los clubes de jazz al mundo del litoral.
Villar tuvo un inesperado éxito a través de una 'editorial boutique' (Siruela) que ha completado su obra con un volumen de relatos 'Algunos cuentos completos' (2021) y ahora con 'Sibaris' (2023) el texto teatral que iba a suponer su debut como autor escénico; y que lamentablemente tras la abrupta muerte del escritor a los 51 años a causa de un accidente cerebrovascular se ha convertido en la única aventura sobre las tablas de un autor de novela que ha sido traducido a muchos idiomas y estaba en camino de convertirse en celebridad mundial, que admiraba a Vázquez Montalbán y le gustaba Simenon, pero a quien es imposible separar su obra de autores gallegos del XX caracterizados por una sutil ironía melancólica.
Ahora, hasta el día 27 en los Teatros del Canal, se representa en Madrid 'Sibaris' a cargo de la compañía Cardetrespés, y lo hace en castellano en la capital de España después de muchas representaciones a lo largo de Galicia y en su idioma. Si Villar era irónico, sarcástico, con un sentido del humor de una fina elegancia donde no cabía el retruécano ordinario o el brochazo la obra que abría su vocación de adquirir presencia posee mucho de ese contenido.
Bajo el formato de una irónica comedia que a ratos se desliza hacia la comedia negra sin tener nada que ver con ese género cuando es llevado al paroxismo, se describe una situación de cierto sarcasmo. Un escritor casado y padre de una hija que aspira a un costoso curso en Oxford está 'bloqueado' tras el éxito de su obra y parece incapaz de responder al reto creativo. Mientras recibe invitaciones para conferencias bien pagadas dentro del mercado cultural internacional a las que acaba casi desafiando, 'bajándose del tranvía' porque su propia honestidad le lleva a sostener toda clase de dudas. Pero a la vez apremiado por las urgencias económicas, se ve envuelto en un enredo con características que se aproximan a las de la comedia negra, sin llegar a serlo realmente, en un planeado juego escénico de imprevistos. Sobre un diálogo cargado de reflexiones irónicas -a ratos recuerda a un monólogo a varias voces- con frases por momentos de cierto ingenio, y un hallazgo argumental, la creación del invisible personaje del gato 'Capone' al que reclama su protagonista 'Víctor Morel' , que parece una llamada a la inspiración evaporada, perdida o extraviada por momentos.
Lo que podría traducirse en derivación dramática o macabra se resuelve en el mismo tono de sarcasmo cargado de humor sin estridencias y con referencias a un cierto absurdo. El peso de la presencia escénica queda a cargo de cuatro actores, empezando por Carlos Blanco, uno de los más conocidos actores gallegos (en el reparto de 'Fariña' y otras producciones recientes) como omnipresente hilo conductor, Belén Constenla como la intrigante esposa y contrapunto a 'Víctor Morel', y el amigo/rival/editor que interpreta el actor de monólogos Oswaldo Digón, personaje que en principio había deseado hacer el propio Domingo Villar en su debut no solo como autor sino como actor, con la aparición del músico-performer Pablo Novoa (ex-Golpes Bajos y Ronaldos) con una guitarra acústica que participa del juego escénico. Bajo la dirección teatral de Lois Blanco.
Con un espacio escénico de elegancia sin estridencias la comedia bordea géneros sin acabar por entrar del todo, del absurdo al humor negro, de la idealización al revés del éxito, la presión del dinero y la necesidad de ser uno mismo y mantener su propia identidad, el tono amable preside el producto, donde no hay vocación transgresora ni radicalidad. La comedia parece estar hecha para reconciliarse con un cierto público a través de un suave envoltorio (no exento de algún estereotipo), en la que hay 'química' entre los cuatro actores y performers, y en la que destaca como elemento singular más allá del diseño del decorado un excelente uso de las iluminaciones. La referencia en el titulado a 'Un espíritu burlón' de Noel Coward no es casual. Lejos de las asociaciones a las obras de Woody Allen citadas por Carlos Blanco en la presentación de la obra que interpreta, el texto de Domingo Villar tiene por sus características una cierta familiaridad hacia un teatro de ironía amable como la del británico, aunque en este caso esté envuelta en una cierta retranca galaica que en ningún caso llega a tener acidez.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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