El sueño de una noche de verano by Puck
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«El amor es un laberinto en el que nos perdemos para luego encontrarnos.
En el amor, a veces es mejor perderse que encontrarse»
El sueño de una noche de verano, 1595, William Shakespeare
Esta famosa comedia de Shakespeare también podría titularse, más acertadamente, Sueño de una noche de San Juan, que es lo que A Midsummer’s Night Dream significa en español. El día de San Juan (Bautista) tiene connotaciones cristianas y se superpuso a antiguas tradiciones paganas, la de cultos solares como los celtas de amplia tradición agrícola-solar, aunque también cómo no, tiene una tradición mitológica griega y romana-saturnal. Sea como fuere, todos coinciden en celebrar la llegada del buen tiempo, los alimentos de la Tierra y la purificación por el fuego.
Se dice que Shakespeare lo escribió para celebrar una boda noble, más concreta y acertadamente, la noche de bodas de una pareja aristocrática en la corte de Isabel I de Inglaterra. Pero los amores de Hipólita, la reina de las amazonas y Teseo, el héroe de Atenas, en el bosque nocturno sin luna, rodeados por hadas y duendes burlones, hacen que la realidad y la fantasía converjan y se unan para dar lugar a situaciones equívocas, como toda buena comedia que se precie. Hay otras parejas satélites de nobles y luego están mis favoritos: Oberón, Titania y Puck dominando el bosque y confundiendo a los humanos, que deberán unirse si quieren deshacer los nudos de la trama. Pero nunca sabremos con seguridad si es realidad o fruto del ensueño. Y ahí está la magia de su actualidad. Habla de amor, de celos, de desencuentros, de tristeza, de alegría, de gozo y de amor en varias historias paralelas de amantes que se cruzan y pierden a lo largo de sus cinco actos. Todos duermen, sueñan, actúan y despiertan en esa noche de verano confusa en la que un filtro de amor mal dado traerá confusión y enredo a los dos mundos. Solo la conjunción de Oberón y Puck conseguirá devolver la calma a todo, después de hilarantes planes locos y fallidos (mal Celestino es el duende) y la vuelta a la normalidad, si es que la hay.
También hay una trama paralela de teatro dentro del teatro en la que un grupo de actores aficionados ensaya una obra para representarla ante la boda de Teseo, el duque de Atenas; en definitiva, una vuelta de tuerca más cercana al pueblo sin abandonar la dualidad que impregna todo realidad y ficción.
Tantos siglos después, seguimos encendiendo las fogatas al abrigo de bosques y playas para saltar sobre ellas y conjurar a los duendes y malos augurios entregados al fuego. Bebemos, cantamos y seguimos prodigándonos al emparejamiento en un canto antiquísimo por la libertad y la fecundidad, la diversión, la nocturnidad y, a veces, la alevosía. Puck sigue escondido entre las chispas que saltamos porque es el auténtico germen de la vida, aunque algunos ya lo hayan olvidado. Y esos son los que se queman.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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