La caída de una estirpe enferma
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«La Casa Usher era un abismo de sombras y secretos oscuros, un lugar donde la realidad se desdibujaba y los límites entre la vida y la muerte se desvanecían»
La caída de la Casa Usher, 1839, Edgar Allan Poe
Suele formar parte de las Narraciones extraordinarias, siendo uno de los cuentos más conocidos, estudiados y reproducidos tanto en la literatura como en el mundo cinematográfico (muy fan de la versión de Roger Corman), no solo por su preciosismo barroco y la profundidad de la forma y del estilo, sino sobre todo, y fundamentalmente, por los recónditos temas que toca y analiza. La Casa Usher personifica la locura, la degradación familiar, el aislamiento, la distorsión, la muerte aparente en forma de catalepsia moral y física, la lucha del ser humano contra las fuerzas del mal y el final de los hermanos gemelos, Roderick y Madeline en una simbiosis fatal con la casa como entidad y edificio. La modernidad es que Poe introduce en el relato gótico un elemento profundamente innovador: los trastornos mentales y los estados anímicos que hacen ver negro lo que es blanco, la lucha inconsciente del hermano disociado y torturado por no caer en el incesto soterrado, los lazos de sangre de una familia degradada cuyos dos últimos descendientes están atados entre sí y a la casa de forma orgánica, la cual, a su vez también está rota, partida por una enorme grieta de arriba abajo, aunque el visitante y narrador sin nombre solo la irá descubriendo bajo la forma tenue de una pequeña grieta en zigzag, metáfora perfecta de los recovecos íntimos del edificio y de sus habitantes que será la causante de la desaparición del linaje Usher y de la casa, todo ello después de habernos sumergido en nuestros temores más profundos, los problemas mentales, las adicciones, las paranoias, los delirios y el tormento ante la degradación moral de los personajes, disociados por el aislamiento social y una cierta conciencia de casta que les aparta de la realidad.
La misma que reconozco ahora ante los últimos acontecimientos, una grieta más, de los que dirigen nuestro país y el mundo. Todo se desmorona, los garantes de la integridad y la democracia caen encerrados en los muros de su edificio rajado, corrupto, malvado y sucio, apestan a dinero no sudado y su avaricia y su camaleónico afán de supervivencia y medro personal añaden más peso sobre una casa que se les derrumba. Aunque ellos no estén muertos, sí están catatónicos, enfermos, soberbios, ebrios de poder ̶ la droga más poderosa ̶ porque sienten que son incólumes, que nada les puede tocar. Hasta el día en que esa pequeña brecha va minando su constructo de mentiras y fantasías y el pacto que hicieron para llegar a la cima cae derribándoles como un edificio enfermo, podrido y sin cimientos sólidos, erosionados por su propia podredumbre interior, dejándonos con una sensación de estupor y dolor, pero también de alivio, ante el convencimiento de habernos librado de seres malvados purificados por la luz que se empieza a entrever tras el fuego y los escombros de un coloso de hombre de paja en llamas. Como dice el personaje de Poe, «Nunca antes había experimentado una sensación tan palpable de desesperación e inminente destrucción». Y eso es lo que hace salir a las ratas.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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