Algunas notas sobre el despotismo ilustrado
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Las Monarquías del siglo XVIII mantuvieron el sistema político absolutista configurado en el siglo anterior. Solamente Inglaterra inició la nueva centuria desarrollando su Monarquía parlamentaria después de la Revolución Gloriosa.
El absolutismo del siglo XVIII presentó una fórmula nueva, conocida como despotismo ilustrado, que recogía algunos de los rasgos de la Ilustración, especialmente en las formas y maneras de gobernar y en la aplicación de reformas. Los monarcas de esta época deseaban, como los ilustrados, la felicidad de los súbditos, pero siguiendo la máxima de: “Todo para el pueblo pero sin el pueblo”. Potenciaron reformas en los ámbitos económico, social, educativo y cultural a favor de sus súbditos, pero sin renunciar a ninguna de sus prerrogativas como depositarios de la soberanía y sin contar con la opinión de los gobernados. Recogieron parte del programa de los ilustrados para intentar modernizar sus Estados, corregir abusos o suprimir algunos privilegios, pero sin llegar a sus últimas consecuencias, ya que eso supondría el fin de su sistema de gobierno y de la sociedad estamental que lo sustentaba. Cuando las reformas podían provocar el resquebrajamiento de su autoridad o trastocaban pilares fundamentales del Antiguo Régimen fueron abandonadas o ni tan siquiera se pusieron en marcha. El estallido de la Revolución Francesa provocó que casi todas las políticas ilustradas fueran anuladas por los reyes. Recordemos, en ese sentido, las medidas tomadas por Floridablanca para intentar evitar el contagio de las ideas revolucionarias francesas en España.
A pesar de las diferencias lógicas entre unos Estados y otros se pueden establecer varios rasgos comunes en la política reformista llevada a cabo por los monarcas ilustrados europeos. En primer lugar, se establecieron medidas de fomento de las actividades económicas en la agricultura, manufacturas y comercio. La educación fue un foco de gran interés, dada la importancia que la Ilustración daba a esta cuestión. Se abrieron y protegieron muchas instituciones culturales, científicas y artísticas. Se intentó subordinar la Iglesia al Estado en los países católicos aplicando la doctrina regalista, por la cual los reyes intervendrían en los asuntos no estrictamente religiosos de la Iglesia, además de expulsar a los jesuitas por considerar que la Compañía era contraria a las reformas y solamente obedecía al Papa. Dentro del Estado se emprendieron reformas administrativas para impulsar las distintas políticas y aplicar métodos más ejecutivos y menos consultivos. Se intentaron reformas fiscales para racionalizar la hacienda, tanto en la administración de los impuestos como en los gastos, aunque cualquier intento de tocar los privilegios fiscales topó con la férrea oposición de los estamentos privilegiados. Por fin, se realizaron muchas obras públicas y mejoras en las infraestructuras.
Entre los monarcas más destacados del despotismo ilustrado podemos citar a los siguientes: Federico II de Prusia, María Teresa y José II de Austria, Catalina de Rusia y Carlos III de España.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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