El deshonor y la guerra
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Neville Chamberlain no ha pasado a la historia como un pacifista, sino como el hombre que entregó Checoslovaquia a los lobos, con una frase indigna: “Que se nos ha perdido a nosotros en una disputa por una tierra lejana, entre gente de la que no sabemos nada”. “Política de apaciguamiento”, se la llamó entonces. El acuerdo de Munich se presentó, como un intento diplomático de evitar la guerra. Sin embargo, fue todo lo contrario: la victoria más barata que el nazismo había obtenido jamás.
Me cuesta mucho comprender, que ante la invasión de Ucrania, algunos/as dirigentes de Podemos (y muchos otros que escriben en las redes) caigan en la misma trampa, y no reparen en que fue esa misma política de la no intervención, la que dejó a la II República, a los pies de los caballos franquistas. Nuestra Guerra Civil, no fue sólo un asunto entre españoles, sino la primera batalla de un conflicto, que enfrentaría al fascismo con las democracias. Del mismo modo, opino, la invasión de Ucrania, no es una crisis localizada, sino la antesala de un pulso global, entre el populismo expansionista y las libertades, Me sorprende mucho a estas alturas, como escribe Susana Fortes, la ingenuidad “flower power” de algunas declaraciones ¿No conocen la historia? ¿O anteponen los intereses de partido frente a miles de víctimas?
Nadie duda, supongo, de la victoria militar rusa. Pero otra cosa, me parece, es la ocupación. Ucrania tiene 44 millones de habitantes. Y si algo nos enseña la historia, es que ninguna guerra de ocupación se acaba ganando, por muy poderoso que sea el ejército invasor. Ahí están los ejemplos de nuestra Guerra de la Independencia contra Napoleón, Vietnam, Irak o Afganistán.
Abandonar Ucrania a su suerte, sería caer en el mismo error que cometió Chamberlain en 1938, al entregar Checoslovaquia. Mientras Putin permanezca en el poder, cualquier concesión, será interpretada como un signo de debilidad. La capitulación de las democracias occidentales ante la amenaza nazi, no puso sólo en peligro a un país, sino también la libertad y la democracia de todos los Estados. Lo dejó bien claro el embajador checo, Jan Masaryk, en la respuesta desesperada al primer ministro británico, el 28 de septiembre por la noche: “Si creen que sacrificando a un pequeño país, pueden salvaguardar la paz mundial, están cometiendo un grave error. Ojalá me equivoque. Pero si no es así… que Dios se apiade de sus almas, caballeros”.
Y no se equivoco Masaryk. La ocupación de los Sudetes fue sólo el primer paso, de un plan preconcebido. La voracidad de Putin, tampoco se detendrá en Ucrania. No es nada casual el terror de Finlandia, a ser la siguiente pieza del tablero, ni su insistencia en pedir garantías a EE.UU. y a la UE. de que acudirán en su defensa, en caso de agresión.
Fue la debilidad de las democracias occidentales, la que convenció a Hitler de que nunca le plantarían cara. “Nuestros enemigos no son más que hormigas fáciles de aplastar. Lo comprobé en Munich”, les confesó envalentonado a sus generales, poco antes de invadir Polonia.
Chamberlain no ha sido absuelto por la Historia. Su imagen ha quedado como la de un personaje débil y trágico, bajando de un avión, con un pedazo de papel mojado en la mano. En palabras de Churchill: “Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra… elegisteis el deshonor, y ahora tendréis la guerra”.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.