Los Mozárabes en la Castilla medieval
- Escrito por Antonio Manuel Moral Roncal
- Publicado en Historalia
¿Quiénes fueron los mozárabes? Descendían de hispanovisigodos que, tras la invasión islámica de 711, decidieron acatar la autoridad de los invasores, permaneciendo como cristianos en sus pueblos y ciudades. La convivencia entre esta población y los musulmanes se aseguró por pactos, pero, con el correr de los años, las autoridades árabes decidieron romperla, para expandir el islam a toda la población, llegando en algunos casos a la persecución violenta. Ello motivó la huida de los mozárabes a los núcleos de resistencia cristiana en el Norte de la Península Ibérica, llevando su cultura y sus recuerdos del reino godo.
Esta expulsión y traslado de población forzada por las circunstancias no fue continua, sino en pequeños grupos, sobre todo de Toledo, Córdoba y zonas limítrofes, de frontera. Un papel fundamental lo desempeñaron los mozárabes ricos -que aportaron dinero para los viajes- y los sacerdotes, que guiaron a los grupos y los presentaron a las autoridades cristianas. También fue habitual que edificaran un monasterio y, en torno al mismo, los mozárabes formaran un pueblo de repoblación. Así se fundaron la mayoría de los monasterios construidos durante los siglos VIII y IX en tierras leonesas, como el de Samos y el de Vime.
¿Cómo actuaron las autoridades musulmanas? No manifestaron mucha preocupación por perder una población importante. El único castigo que impusieron a los que huyeron fue la confiscación de sus bienes que dejaban atrás, lo que consolidaba la emigración pues, de esa manera, no resultaba posible volver a los mozárabes.
En un principio, los mozárabes continuaron con sus ritos y costumbres en los reinos cristianos, pero, con el paso de los siglos, se fueron diluyendo. Sus prácticas religiosas fueron diferenciadas por pequeños matices del resto de población asturiana, leonesa o castellana, de tal manera que no hubo una cuestión dogmática que los separase.
Sin embargo, sus aportaciones al progreso de la cultura, las artes y de las letras fueron indiscutibles, aunque se les considerase más artesanos que artistas. Los abades y monjes mozárabes conservaron la cultura visigoda y, más que una leve capa de cultura musulmana, lo que llevaron al Norte fue la obra de san Isidoro de Sevilla y de san Fructuoso de Braga. Además, escribieron crónicas y formaron bibliotecas importantes en los monasterios. Ese clero culto empezó a ocupar los puestos de mayor responsabilidad y que requerían serios conocimientos en los reinos de Asturias y León, actuando como preceptores, consejeros y embajadores de sus monarcas. Aportaron la idea de continuidad y herencia del reino visigodo de Toledo, justificando su desaparición por sus pecados y la legitimidad del reino de Asturias para recuperar el territorio perdido, a ser sus herederos y continuadores, sobre todo a mediados del siglo IX.
Otros mozárabes fueron, en su mayoría, campesinos y artesanos que continuaron con sus habituales ocupaciones en tierras cristianas, en pequeñas propiedades. Al avanzar el feudalismo en el reino de León fueron dependiendo, poco a poco, de los nobles, cultivando sus tierras a cambio de protección en las zonas fronterizas. Los artesanos se situaron en núcleos de población ejerciendo como plateros, alfareros, peleteros, tapiceros, vidrieros y mercaderes. Aquellos mozárabes que continuaron teniendo algún contacto con sus pueblos originarios lograron activar algo de comercio e introdujeron la moneda musulmana en el Norte cristiano.
Su aportación más plástica y duradera fueron sus manifestaciones artísticas, introduciendo, en la arquitectura y la artesanía, la tradición visigoda además de ciertas influencias musulmanas. Ejemplos de esa arquitectura con arcos de herradura y planta basilical son la iglesia de San Cebrián de Mazote, la de Santiago de Peñalba en Burgos, el monasterio de san Miguel de la Escalada y en el de san Millán de la Cogolla. En escultura destacan sus contribuciones en marfil y, en pintura, las miniaturas de los códices de Comentarios al Apocalipsis del Beato de Liébana.
Antonio Manuel Moral Roncal
Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.
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