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El preciosismo y los planteamientos ilustrados sobre la mujer


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Aún antes del triunfo de las Luces en el siglo XVIII, existe un precedente en la Historia del feminismo en Occidente. Nos referimos al preciosismo, un movimiento sociocultural previo del barroco francés, que buscaba el refinamiento de modales, costumbres y gustos frente a la época de Enrique IV por considerarla vulgar. En este contexto, comienzan a surgir los salones como un espacio público donde discutir distintas cuestiones y plantear nuevos valores sociales, y en los mismos las mujeres de condición social elevada tendrán un evidente protagonismo, que se mantendrá hasta el siglo siguientes. Ahí estarían las “preciosas”, interesadas por el buen gusto, por nuevas concepciones en las relaciones entre los hombres y las mujeres, interesándose por revitalizar la lengua francesa, es decir, participando en cuestiones más allá de lo doméstico y familiar. En este ámbito surgirá la cuestión de las mujeres, lo que en Francia se conoce como la querelle féministe. Y en esos salones donde se comenzó a hablar de literatura, arte, amor y hasta filosofía, terminaron por tratarse temas relacionados con la ciencia, y las protagonistas de estos espacios comenzaron a cuestionar la autoridad de los maridos, y pretendieron poder acceder a otros ámbitos culturales como las Academias. Aquellas mujeres tomaron conciencia de su dignidad y de la libertad en distintos aspectos, incluido el sexual y el del matrimonio, denunciando el carácter tradicional o patriarcal del mismo.

Y a este mundo llega la figura del escritor y sacerdote francés, François Poullain de La Barre (1647-1725) porque puede ser considerado un precursor del feminismo, una de las cuestiones que más le preocuparon a este intenso intelectual. En 1673 publicaba, De l’égalité des deux sexes, discours physique et moral où l’on voit l’importance de se défaire des préjugez, donde por vez primera demostraría que no existía un fundamento natural para justificar la desigualdad de las mujeres, el gran argumento clásico para relegarlas al ámbito doméstico.

Todo este cuestionamiento no quedó sin respuesta o reacción como se puede comprobar en la obra Las mujeres sabias de Molière.

Por su parte, la inglesa Mary Astell planteó en este mismo siglo la necesidad de la alfabetización de la mujer, de la educación como un motor para el cambio, siendo una de las pioneras en la defensa de esta idea.

En este feminismo premoderno habría que aludir, por fin, a la escritora española María de Zayas porque en sus novelas quiso reflejar la realidad de las mujeres del siglo XVII con todas sus limitaciones.

El Siglo de las Luces no podía dejar de lado la cuestión de la mujer, y se plantearon debates sobre su posición en la sociedad, pero siempre desde un acusado utilitarismo. La Ilustración no podía concebir que la mitad de la sociedad se dedicase a unas funciones domésticas y familiares bajo principios considerados. Pero, además, de este principio utilitarista, había otro muy claro, que tampoco tenía que ver con la igualdad de género, como tampoco se pretendía la plena igualdad social. Cada grupo tenía que ser útil a la sociedad y el Estado, y así, las mujeres del estamento no privilegiado podían serlo trabajando, especialmente en el ámbito rural y en el industrial textil, y las de condición social más elevada en tareas vinculadas con la naciente beneficencia pública al margen de la caridad eclesiástica. Eso si, al igual que había que formar a los campesinos y artesanos, las campesinas y artesanas tenían derecho a recibir también educación porque si no era así el principio de utilidad no se cumplía. En este sentido, fue importante el magisterio de Campomanes.

En el ámbito de las élites muy sugestivo nos parece el debate que se planteó en la Real Sociedad Económica Matritense sobre la admisión de las mujeres. Al final, se creó una organización dependiente de la misma, la Junta de Señoras de Honor y Mérito, y que tuvo destacadas responsabilidades en tareas del fomento del trabajo femenino y de la atención de los expósitos, con indudable éxito en la gestión de la Inclusa de Madrid. Este experimento, genuinamente ilustrado, tuvo su continuación hasta bien avanzada la época liberal.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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