La sexualidad de los vikingos. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Parte de la imagen que tenemos hoy de los vikingos, es una mera caricatura de la masculinidad: guerreros melenudos, que todavía aparecen en los logos, o en los anuncios de productos, apelando a un supuesto ideal, de conducta masculina. En la cultura popular, otro equivalente se une a este cliché, el de la mujer de una independencia singular, creado como un supuesto arquetipo “nórdico” o, de forma más simpática, como un modelo de conducta, para la emancipación y la confianza en sí mismas, de las mujeres. Por ello, resulta irónico que la realidad de la época vikinga, abarcara una verdadera fluidez de género.
El patriarcado era la norma en la sociedad vikinga; sin embargo, era una norma que se subvertía cada dos por tres, a manudo de formas fascinantes, imbuidas en su propia estructura. Los vikingos, además, estaban familiarizados, con lo que hoy denominamos “identidades ‘queer’”. Estas se extendían a lo largo de un amplio espectro, que iba mucho más allá, de la lógica binaria del sexo biológico, e incluso más allá, de lo que uno llamaría humano.
En nuestros días hemos desarrollado un rico vocabulario de identidad y preferencias de orientación sexual, en sus infinitas expresiones (con frecuencia un galimatías, al menos para mi) de nuestros cuerpos y cómo lo habitamos, de nuestras relaciones con los demás, incluida la manera, en que preferimos que se dirijan a nosotros. En esencia, hemos creado una terminología que, en su máxima expresión, nos permite que se reconozca, como sentimos que somos y nos empodera. Para bien o para mal, también articulamos lo que sucede, en las interconexiones entre estas identidades y, las relaciones que la sociedad tiene hacia ellas. Al explorar los equivalentes antiguos, de nuestra vida moderna, transferir de forma directa, las percepciones contemporáneas a la Edad del Hierro tardía, puede resultar problemático, Algunos académicos historiadores defienden con ahínco, que es imposible hacerlo. Los antiguos lenguajes nórdicos, no tenían palabras para muchos de los conceptos, que empleamos en la actualidad. Es probable que la gente de aquella época, no se comprendiera a sí misma en esos términos, ni encontrase necesaria nuestras etiquetas actuales. El contexto social, por supuesto, era también muy diferente al nuestro, en lo que se refiere a aspectos fundamentales.
Está claro que la sociedad vikinga, establecía con gran énfasis, expectativas basadas en los conceptos normativos, de los sexos masculino y femenino, que se expresaban mediante estándares de conducta según el género, tanto en los casos de las mujeres como en el de los hombres. Algunas de las fuentes (sobre todo, Snorri Sturluson /ˈsn̥ɔrɪ ˈstʰʏrtl̥ʏs/ fue un jurista, escaldo, historiador y escritor islandés) transmiten la información, a través de una óptica sumamente cristiana y masculina, pero existen textos con menores prejuicios.
Se percibe una sensación, de que el reino de los hombres, estaba en el exterior, mientras que el dominio de las mujeres, era la vivienda. No obstante, ambas esferas se consideraban lugares, asociados a un poder y autoridad auténticos. Esta distinción no era literal, sino que establecía diversas áreas de responsabilidad. De este modo, “la casa”, en la práctica, conllevaba la dirección de toda la granja, tanto económica como socialmente. Una gran diversidad de tareas domésticas, entraban también en el terreno de las mujeres. Y ninguna tarea se devaluaba, por considerarse condescendientemente “trabajo de mujeres”, al contrario, se trataba de habilidades y actividades vitales, que concitaban respeto. Esto, por ejemplo, podemos observarlo con prístina claridad, en un interesantísimo monumento rúnico, de alrededor del 1050, en una estela de la parroquia de Fläckebo, en Vestmania (Suecia), erigido en recuerdo de una dama adinerada, que respondía al peculiar nombre de Ódindísa, ‘Mujer Odín’ (aunque alude a las “disir” de manera metafórica): “No vendrá/a Hassmyra/esposa que mejor/dirija la hacienda”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.