El Tratado de Saint−Germain−en−Laye
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Los aliados con Austria se firmó el 10 de septiembre de 1919 el Tratado de Saint−Germain−en−Laye, y que supuso el fin del Imperio austrohúngaro. Su “Estado sucesor” sería la República de Austria, que era quien asumía las responsabilidades, sin olvidar la creación de un conjunto de nuevos Estados. En realidad, este Tratado que sellaba la desintegración del Imperio fue el que más repercusiones de tipo territorial tuvo porque se trataba de casi toda la parte sur y sureste de la Europa central.
En primer lugar, se reconocía la total independencia del Reino de Hungría. Además, nació Checoslovaquia que estaría formada por Bohemia, Moravia y el sur de Silesia, territorios todos que habían dependido de Austria directamente, más Eslovaquia que en el pasado había dependido de Hungría. Austria perdía Eslovenia, Bosnia, Herzegovina y Dalmacia. De esa forma se creaba el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, junto con Croacia y Voivodina, que en el pasado habían dependido de Hungría. El Estado cambiaría su denominación por la de Reino de Yugoslavia en octubre de 1929, aunque de hecho ya se llamaba así. El Tratado también estipulaba la necesidad de que se celebrase un plebiscito en las zonas del sur de Carintia, que se encontraban con mayoría de población eslovena.
Austria perdería, además, el Trentino, el Tirol del Sur, Trieste e Istria, así como varias islas y puertos en Dalmacia y el Friul, que pasaría a Italia. Por su parte, Galitzia pasaba a la soberanía polaca.
El Tratado establecía claramente la prohibición de revisar la independencia de Austria con el fin de impedir cualquier tipo de unión con Alemania, sin la autorización expresa de la Sociedad de Naciones. Debemos tener en cuenta que en la inmediata posguerra se generó un intenso debate en Austria sobre la posibilidad de unirse al nuevo Estado alemán, esto es, la República de Weimar, dados los lazos culturales e idiomáticos y por un sentimiento de solidaridad al considerarse los países que habían sido vencidos. Los británicos y los franceses fueron tajantes en este asunto y no permitieron ninguna veleidad de unión, ni tan siquiera que Austria pasara a denominarse, como querían muchos políticos “Austria Germana”. El nuevo país tenía que denominarse República de Austria.
El Tratado supuso un radical cambio del mapa político, generando nuevas tensiones que en el futuro desembocarían en conflictos internacionales más graves. Nos referimos al hecho de que unos doce millones de habitantes de lengua alemana quedaron fuera de Austria, especialmente en los Sudetes y en la zona de Bolzano. Por otro lado, Austria quedó reducida a un Estado muy pequeño, es decir, era el 25% de su anterior extensión territorial, y con una población concentrada en Viena, una macrocapital para tan poco Estado. Además, Austria sufrió económicamente de forma considerable porque perdió su emporio industrial de Bohemia, y su natural abastecimiento de alimentos que procedía de Hungría. La pregunta era si Austria podía ser un Estado viable económicamente.
Por su parte, Austria también fue obligada a pagar reparaciones de guerra, a reducir considerablemente su ejército y a entregar a los aliados su concesión en China. Los austriacos tuvieron que aceptar el Tratado, como así lo decidió la Asamblea Nacional el 6 de septiembre, aunque protestaron formalmente.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.