Talleyrand. Primer cargo importante. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Talleyrand, que años después será decisivo, para la coronación de su hijo Luis Felipe, describe al Duque de Orleans, como un tipo irreflexivo, frívolo y corrupto. Un hombre sin planes, sin proyectos, sin constancia, “que no amaba a nadie”. Sin embargo, a lo largo de diez años fue íntimo de aquel “vividor neurasténico” (leer al historiador Waresquiel) que, según se dice, lo inició en la masonería y, pasaba muchas horas junto a él en el Palais Royal. Ambos eran profundamente anglófilos y, colaboraron en la preparación del tratado con Inglaterra concluido en 1786. La intimidad de Talleyrand con el de Orleans y sus amigos, lo indispuso para siempre con el partido de la reina y, dificultó enormemente su carrera hacia el obispado.
Como en todos los salones se sabía, que el país en que vivían (algunos muy bien) se hallaba al borde de la bancarrota, la economía solía aflorar en sus conversaciones: muchos intuían (y Talleyrand mejor que la mayoría) que existían alternativas a las políticas de los hombres del rey, como Turgot, Calonne o el mismo Necker, trataban de imponerlas, con mejor o peor fortuna, pero el débil Luis XVI no apostaba decididamente por ninguna de ellas, temiendo que el remedio fuera peor que la enfermedad. Y la enfermedad resultó mortal, al menos para el rey y la reina. El Plan Calonne, que entusiasmaba a Talleyrand, era el más novedoso y arriesgado. Se basaba en lo que llamaba “la unidad de los principios” y, acabó siendo adoptado tras la Revolución por la Asamblea Nacional, contra la voluntad del rey.
En aquellos momentos el salón de los Necker se había convertido ya, en otros de los favoritos de Charles-Maurice. El hombre reunía las “virtudes” que más atarían a Germain, la grand salonnière en titre, destinada a convertirse, algunos años después, en la pesadilla del futuro “amo” de su amigo, Napoleón Bonaparte. La muchacha, que en aquel momento tenía poco más de veinte años y, sin ser especialmente bonita lucía unos ojos negros abrasadores que enloquecían a los hombres, estaba encantada con aquel visitante que, aunque se le sabía eclesiástico, le parecía extraordinariamente listo y ambicioso, méritos a los que se unía, a juicio de la mujer destinada, a importar el romanticismo alemán en Francia, “un fondo impenetrable e indescifrable”. Porque Talleyrand tuvo siempre mucho de “misterioso”. No debe extrañarnos pues, que no tardara en unirlos una extraña fascinación recíproca.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.