Pablo Iglesias por un solo partido socialista y una sola internacional
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Al calor de la intensa polémica que supuso la creación de la Tercera Internacional y las famosas condiciones para ingresar a la misma, y que generó la celebración de varios Congresos extraordinarios en el PSOE y la definitiva escisión comunista, el viejo líder ofreció sus opiniones de forma clara, especialmente, a través de El Socialista.
En el número del primero de mayo de 1920, defendió la existencia de un solo partido socialista en cada país y de una sola Internacional.
Si en el pasado la tarea de las formaciones socialistas había sido propagar sus ideales, espolear la conciencia de clase entre los trabajadores y obtener mejoras para los mismos, abriendo brechas en el “edificio burgués”, en el momento presente había que hacer, además de esas tareas, prepararse para dar el salto definitivo a la fortaleza capitalista.
Era un momento nuevo porque la clase dominante se había dado cuenta de la fortaleza del socialismo y por ello actuaba para mantenerse en el poder el mayor tiempo posible. Por eso era tan importante la unión. Fomentar la división de los socialistas de un país era un error muy grave. Todos los socialistas estaban de acuerdo en abolir las clases sociales mediante la socialización de los medios de producción y de cambio realizada por el poder político en manos del proletariado. Solamente se podía diferir en cuestiones de táctica o por motivos secundarios.
Pablo Iglesias era un defensor a ultranza, por lo tanto, de la unión, y por ello solamente podía haber un partido por país y una sola Internacional donde estuvieran reunidos cada uno de los partidos socialistas de los distintos países. Si hubiera más Internacionales la acción común sería imposible y esa falta de unión retrasaría la hora del triunfo final del socialismo. Sería un sarcasmo responder al llamamiento de Marx y Engels sobre la unión de los proletarios creando más de una Internacional.
En el mes de junio de ese mismo año, y ante el Congreso Extraordinario del PSOE, retomó la idea, insistiendo en que la división fomentaba el disgusto, la pasividad y el abatimiento entre los asalariados, además de satisfacer y envalentonar a los que vivían del trabajo ajeno1.
El afianzamiento de la Revolución socialista rusa exigía que el proletariado de los demás pueblos influyese sobre sus respectivos gobiernos para que éstos, apremiados por las circunstancias, respetasen la existencia de dicha República. Eso no se podía hacer si imperaba la desunión en los partidos socialistas y había más de una Internacional.
La crisis que estaba experimentando la burguesía después del fin de la Gran Guerra constituía una ocasión propicia al socialismo para avanzar de forma evidente con el fin de que en pocos años pudiera desalojar del poder a la clase explotadora.
Ante este peligro se podía apreciar que la burguesía se agrupaba y se armaba para defenderse. Por eso había que unirse ante este desafío. Por eso, tenía que imperar el acuerdo y la unión.
En lo que se refería a España, los partidarios de la Segunda Internacional, los de la Tercera, o los denominados “reconstructores” deberían acatar lo que el Congreso del Partido decidiese y no abandonar las filas del mismo. De esa manera el PSOE se mantendría unido.
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1El Socialista, número del 19 de junio de 1920.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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