Capitán Richard F. Burton. Harar, ciudad prohibida. XV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
¿En qué se podían ocupar las interminables horas, los días infinitos que tardó la Expedición de Somalia en prepararse? En mujeres, en el estudio de las lenguas… Aquello hubo de ser una vida muy desazonadora para un hombre que había descubierto que aquí: ”La literatura se reduce al dominio del arte necesario, para expresarse en la jerga en que hablan unos salvajes semidesnudos. El contacto social está aplastado por las habladurías; a duras penas es posible dirigirse a una dama y, mantener intactas al tiempo su propia reputación y la de uno mismo”.
De todos modos, Burton descubrió una droga que iba a ayudarle a aliviar el tedio. Se trata de un narcótico llamado khat y, consiste en las hojas tiernas de un arbusto común, el Catha edulis, que abunda por todo el este de África. “Los europeos perciben en escasa medida sus efectos, pero los árabes, en cambio, al no estar acostumbrados a los estimulantes y los narcóticos, proclaman que, al igual que los comedores de opio, no pueden vivir sin la excitación que produce”.
A pesar de este vago rechazo por el débil efecto. que surtía en él el khat, Burton fue un consumidor asiduo durante el tiempo que pasó en Somalia. Se trataba de una droga muy popular. El clero islámico llamaba al khat “el alimento de los píos” y, “los musulmanes cultos comentaban que tiene la singularísima propiedad de excitar la imaginación, de aclarara las ideas, de animar el corazón, de reducir el sueño e, incluso, de ocupar el lugar de los alimentos”.
A finales de verano, la Expedición de Somalia estuvo lista. En el no descrito 29 de octubre, a una hora calurosísima y lánguida, las cuatro en punto de la tarde, Burton dio orden de soltar amarras. Cuando el barco salió al mar abierto, Burton y la tripulación recitaron la fãtihah en honor del legendario jeque Najud, que era para los árabes el inventor de la brújula marina.
Burton había contratado en Adén a tres somalíes que había de servirle cono guías y guardaespaldas. El principal de los tres se llamaba Mohammed Mahmud y, era sargento de la policía de Adén. “No sabe leer ni escribir” añade Burton. “pero tiene todo el conocimiento que podría acumularse, en 15 ó 20 años de andar rodando por Egipto y la India”.
El segundo hombre era otro policía de Adén llamado Gulad El largo, uno de esos esqueletos vivos, larguiruchos, que abundan entre los somalíes. El tercero se llamaba Fin de los Tiempos. Era una especie de sacerdote analfabeto, con ciertos conocimientos religiosos. Además, se llevó a un muchacho tuerto llamado el Kalendar.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.