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La caída de Barcelona en la Guerra Civil


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La derrota republicana en la Batalla del Ebro supuso la constatación de que Cataluña caería muy pronto, además de que sería una cuestión de tiempo el final de la República.

El 28 de octubre de 1938 la ciudad de Barcelona brindó un homenaje a las Brigadas Internacionales en su partida bajo el lema “Caballeros de la libertad del mundo: ¡buen camino! Se celebró un desfile ante la presencia de Azaña, Negrín, Companys, Vicente Rojo y unas trescientas mil personas. Desfilaron por lo que hoy es la Avenida de la Diagonal y en aquel entonces, denominada Avenida del Catorce de Abril. Dolores Ibárruri pronunció un destacado discurso.

La última campaña de la Guerra fue lo que se ha denominado la Campaña de Cataluña. El día 20, el general Rojo informaba a Negrín que el frente se había roto entre Manresa y Sitges, a escasos veinte kilómetros de Barcelona. Las fuerzas republicanas habían abandonado sus posiciones. El Gobierno ordenó, en consecuencia, la evacuación de los organismos y entidades gubernativas con destino a Girona y Figueres, y que dicha evacuación se hiciera con cuidado y en sigilo. Para proceder a dicha evacuación se realizó una requisa masiva de vehículos el día 23 de enero. Pero el sigilo era muy difícil de mantener porque la operación afectaba a cientos de funcionarios. Dicha evacuación era la constatación de que Barcelona era indefendible. La constatación de que las autoridades y los funcionarios se marchaban, provocó una huida masiva y caótica hacia la frontera francesa. Se produjeron asaltos a los almacenes de alimentos con el fin de conseguir alimentos para poder sobrevivir en el duro viaje que se iba a emprender. La huida colapsó las carreteras hacia el norte.

Mientras se producía la evacuación sin orden, se quemaban archivos, documentos y tarjetas de identidad, y se sacaba a los presos del bando sublevado para ser evacuados también, las tropas franquistas atacaban Badalona y Sabadell, además de Tarrasa, mientras cruzaban el río Llobregat.

El 24 de enero se nombró al general José Brandaris de la Cuesta como comandante militar de Barcelona con el propósito de organizar la defensa militar de la ciudad. Pero rechazó la responsabilidad. El coronel Jesús Velasco Echave terminaría asumiendo el cargo de comandante militar.

Ante la pérdida de Manresa, el Gobierno huyó a Girona. Barcelona quedó sumida en un verdadero desorden con miles de civiles intentando buscar medios para salir de la ciudad. Las tropas con las que se contaba para la defensa, al mando del general Hernández de Sarabia, estaban compuestas de unos seis mil soldados, sin moral alguna. Pero pese al clima de desmoralización, algunos militantes comunistas como Joan Comorera, líder del PSUC, intentaron defender la ciudad, decretando la movilización general y ordenando que cesase toda actividad que no tuviera que ver con la guerra. Pero los trabajadores al abandonar sus trabajos no se unieron a la resistencia y se quedaron en sus casas porque el derrotismo se hizo dueño de una Barcelona que estaba viendo la desbanda de sus autoridades. Los comunistas no consiguieron mas que crear algunos batallones en las principales vías de la ciudad con el fin de intentar cortar el paso a las tropas atacantes.

El día 25 los sublevados se hacían con el aeródromo del Prat. Al amanecer del día 26 llegaba a las cumbres de Tibidabo y Montjuïc. Al mediodía entraron por el centro de Barcelona, ocupando la ciudad sin hallar resistencia. La “quinta columna” salió a la calle aclamando la llegada de las tropas nacionales.

El día 28 las tropas franquistas entraban en Granollers, y el 5 de febrero lo hacían en Girona. El 1 de febrero, en el castillo de Figueras, en las Cortes republicanas, el presidente Negrín, planteó una especie de reducción de sus Trece Puntos, dirigiéndose a las potencias europeas: la independencia de España, que el pueblo español pudiera elegir el régimen político que deseara, y que cesaran las persecuciones y represalias en aras de la reconciliación. A través de los embajadores francés y británico quiso hacerles partícipes de que estaba dispuesto a ordenar un cese de las hostilidades si se conseguía la garantía de que no habría represalias, pero la gestión fracasó.

El 6 de febrero, Azaña cruzaba la frontera, seguido de muchas autoridades, así como de civiles y militares, camino del exilio. Juan Negrín hacía lo mismo el día 9, pero en Toulouse cogió un avión para regresar a Alicante el día 10, con algunos ministros para intentar reactivar la guerra en el centro y este al no poder alcanzar el objetivo que había intentado sobre la reconciliación. Solamente le apoyaban los comunistas. En todo caso, ya faltaba poco para que Madrid se rindiera, eso sí, después de producirse una verdadera guerra civil en la misma capital a raíz del golpe de Casado en un terrible mes de marzo.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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