Talleyrand. Un pasaporte. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
A la vista de todo ello (el asalto a las Tullerías y la masacre de la Guardia Suiza) Talleyrand empezó a temer por su vida y, como medida previa, envió toda su biblioteca, que consideraba un “valor seguro”, a Londres. Discretamente facilitó también la marcha a Inglaterra de su amigo Narbonne, Adélaïda de Flahaut, su hijo Charles y algunos amigos íntimos más, menos comprometidos políticamente que él. Pero, dada su propia relevancia, no podía ni quería abandonar el país sin un pasaporte en regla, pues, de lo contrario, el regreso en el que nunca dejó de pensar sería imposible.
La guillotina había empezado a funcionar a destajo y, Robespierre estaba a punto de transformar la Asamblea en la Convención Nacional dirigida a instaurar la república de una vez por todas y, a eliminar cuantos parecieran desafectos o no dieran la talla de virtud que los nuevos tiempos exigían. Finalmente decidió dirigirse a Danton – que en aquel momento encabezaba el Gobierno provisional como ministro de Justicia - con el cual había mantenido algunas conversaciones sobre las ventajas e inconvenientes de una república.
Danton no había olvidado la decisiva intervención de Charles-Maurice en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, pero tampoco Danton se lo puso fácil. Finalmente llegó el ansiado pasaporte con una orden del Ejecutivo que decía: “Libre paso a Londres por orden nuestra”. Algunos han sugerido que Danton fue sobornado, pero Talleyrand lo negó siempre. Apenas dos años más tarde, el 5 de abril de 1794, la cabeza de Danton caía en la cesta fatal de la guillotina, condenado por corrupto por el Tribunal revolucionario a instancia de los “puros” Robespierre y Saint-Just. Estos últimos correrían su misma suerte tres meses después a consecuencia del golpe de Termidor.
Un Talleyrand casi ya cuarentón puso de nuevo los pies en Londres tras 8 días de viaje. Le esperaba su adorada biblioteca, en aquel momento su principal activo fuera de Francia. Tuvo mucha suerte: las palancas jacobinas no tardaron en abrir la caja fuerte de las Tullerías, donde el rey guardaba toda la documentación más comprometedora. Un par de cartas redactadas hacía más de un año se referían a la vinculación secreta de Luis XVI con Charles-Maurice, el cual se presentaba prometiendo lealtad al monarca y, ofreciéndole sus servicios. En principio no tenían por qué sorprender a nadie porque databan del tiempo en que Talleyrand defendía públicamente una monarquía constitucional, pero bastaron para que algunos convencionales empezaran a exigir el arresto inmediato del que fuera el último presidente de la Asamblea.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.