La ciudad de Barcelona en la Alta Edad Media. I
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
La Barcelona con la que se encontraron los carolingios no debía contar más que unos dos mil habitantes, aproximadamente. No estaba en una situación muy boyante pero si conservaba, seguramente, una especie de memoria de épocas pasadas más prósperas. Barcelona había sido durante un tiempo la capital de los visigodos.
La Barcelona carolingia no ha sido tan valorada como la romana o la visigoda. En realidad, cuesta reconocer el período desde el punto de vista de la arqueología porque no se conservan muchas estructuras, siendo heredadas de la época visigoda. Pero la Barcelona carolingia es importante porque en ese período estaría el origen del despegue posterior de la ciudad y del Condado de Barcelona. La ciudad ya había gozado de importancia en la época visigoda, ahora iría adquiriendo más en un camino que la convertiría en una de las más importantes del Mediterráneo durante toda la Edad Media.
Durante la etapa histórica carolingia, el Condado de Barcelona estuvo gobernado y administrado, como hemos indicado, por un conde, que se ayudaba de un vizconde. Las cuestiones del gobierno local eran administradas por un veguer o vicario. Sería una figura que irían adquiriendo importancia a lo largo de la Edad Media, al convertirse en un funcionario real con competencias de gobierno, judiciales y militares y más allá de una ciudad, sino en un territorio que pasaría a ser la veguería.
En los siglos de dependencia carolingia, Barcelona contaba ya claramente con una catedral y con las iglesias de Sant Just i Pastor, Sant Miquel y Sant Jaume, además de las que se encontraban fuera de las murallas, Santa María del Pi, Santa María del Mar, San Julián de Montjuïc, el monasterio benedictino de Sant Pau del Camp (985), importante por su portal esculturado y con piezas que se aprovecharon de la antigüedad tardía y con un claustro con aberturas polilobuladas y capiteles figurados; y el de monjas benedictinas de Sant Pere de les Puelles, aunque hoy solamente se conserva la iglesia.
Por su parte, los carolingios aprovecharon las estructuras que ya existían de las épocas musulmana y visigoda. El palacio de los nuevos condes fue el palacio del conde visigodo aunque con ampliaciones. Al parecer, el visigodo tenía una planta en “u” con un patio interior abierto hacia la muralla. Allí llegó el primer conde carolingio cuando se fue el valí musulmán. Las nuevas autoridades ampliaron el palacio hacia el área de la Plaza del Rei, haciendo que el edifico adquiriera una forma más cuadrada. Hoy en día se conserva la puerta del palacio, que estaba donde hoy se encuentra la puerta de entrada al Tinell, y que se conserva, precisamente, bajo las escaleras que dan a la Plaza del Rei, aunque para verla hay que hacerlo desde el interior. Es interesante observar que el Tinell es el espacio del poder desde la época visigoda hasta la época moderna.
Un aspecto importante de la vida de Barcelona sería la relación entre el poder civil, el de los condes, y el eclesiástico con los obispos al frente. Ambas autoridades residían muy cerca. Los condes fueron reforzando su papel, su poder territorial pero también jurisdiccional, y todo ello en detrimento del de los obispos que había sido muy importante en la época visigoda. Desde el punto de vista espacial urbano, los condes se centraron en el área de la actual Plaza del Rei, mientras que los obispos se vincularon por el área al este de la catedral, donde terminarían por levantar un nuevo palacio. Por su parte, destacaría el obispo Frodoí en el siglo IX, que puso en marcha una verdadera campaña para encontrar las reliquias de Santa Eulàlia en Santa María del Mar, aunque se considera que el descubrimiento de sus restos fue una especie de invención del eclesiástico por motivos políticos y religiosos. En el siglo XIII las reliquias pasaron a la cripta de la Seo, en un sarcófago nuevo gótico de estilo pisano.
En este sentido, todavía no se profundizado mucho en relación con la propia catedral. Al parecer, en la época carolingia se reparó la visigoda que tampoco es muy conocida, pero que sería, sin lugar a dudas, un edificio singular.
Sobre las relaciones entre ambos poderes hay que tener en cuenta que Carlomagno defendió la necesidad de unificar la liturgia, ya que la Iglesia visigoda tenía la propia. En este sentido, se puede interpretar el derribo de una iglesia existente en la Plaza del Rei, y que era visigoda, y que sirvió para ampliar el palacio condal.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.