Lászlo Almásy. Zarzura. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
¿Pero qué había pasado? (ver artículo anterior) ¿Por qué no había acudido Sabir a recogerles el punto acordado? Pues, sencillamente, porque había confundido las rodadas, con otras dejadas en anteriores reconocimientos, por la misma zona.
A estas alturas el explorador húngaro, László Almásy, había ya rematado su trabajo, en el Jilf Al Kabir. Los tres valles de Wilkinson estaban localizados y cartografiados. El wadi Tahl era el más occidental, también era el más ancho y sus fuentes, tras largos periodos de sequía, eran las últimas en secarse. El wadi Abd El Melik se abría en el centro, contaba con dos buenos manantiales y, su longitud superaba, las de cada uno de sus vecinos; su zona de vegetación abarcaba, nada menos que 24 km con una anchura media de 200 m. Por último, el wadi Hamra, al oriente de los otros dos, mostraba sus pareces cubiertas de arena roja y, sólo conservaba sus pastos por breve tiempo, tras la caída de las lluvias. ¿Cuál de ellos correspondía al wadi Zarzura, si es que alguno de los tres había llevado alguna vez aquel nombre? En opinión de Almásy, ésta era una cuestión, que no podía resolverse en el desierto. De existir una respuesta, había que rastrearla entre los seres humanos, consultando a uno en particular.
Según los zwaya, el beduino Abd El Melik vivía aún en 1931, en el oasis de Zurq. Se decía que posteriormente había hallado la muerte, combatiendo contra los italianos, pero Almásy se resistía a creerlo. Pensaba que, quizá, había buscado refugio en Egipto, en alguna colonia de exiliados senussi y, fue en este país, donde comenzó su azarosa búsqueda. Basta decir que su intuición tuvo éxito. Un día de la primavera de 1936, el viejo Abd El Melik, con sus 70 ó 75 años a cuestas – los beduinos desconocen casi siempre su edad – se presentó ante Almásy en El Cairo, asegurándole que, de haber sabido que quien le solicitaba era “Abu Rambla”, “El Padre de la Arena”, no habría estado tanto tiempo escondiéndose. El anciano siempre había sido pobre, nunca había poseído tierras y su sustento provenía, de su oficio de pastor de camellos. Eso sí: conocía, por haberlas recorrido guiando caravanas, las rutas más recónditas del desierto de Libia, desde Siwa hasta Kufra y, desde el macizo del Uwaynat hasta el Darfur, en el norte del Sudán actual. Efectivamente, había huido a Siwa, seis meses antes de que los italianos ocuparan Kufra y, ahora vivía en Egipto, vagabundeando de un oasis a otro.
Requerido sobe la cuestión, que más preocupaba a Almásy, el pastor beduino le relató a grandes rasgos, como había ido a parar al wadi, que actualmente llevaba su nombre. Aquel lugar pertenecía a los tibbu, que guardaban en él sus camellos y, se habían juramentado, para ocultar su existencia a los extraños. Muchos años atrás, Sayed Idris el Senussi, se vio en la necesidad de transportar olivas de Siwa a Zawiya, pero no disponía de camellos. Entonces, un tibbu renegado, a quien los suyos habían tratado mal, le confesó a Senussi el secreto del valle escondido. Abd El Melik partió hacia allí por orden de Sayed Idris, con el encargo de conseguir, los cuadrúpedos de los hombres de piel negra. Al cabo de unas semanas, aquel estaba de regreso a Kufra, portando una reata de tan codiciados animales, cuatro sacos rebosantes de hierba y, todas sus “qirba” (odres) llenas de agua dulce, recogidas de sus fuentes, como prueba para convencer a Sayed Idris, de las excelencias del wadi, ignorado que, a partir de entonces, fue conocido como Abd El Melik.
En los años siguientes, el ahora viejo beduino, había visitado repetidamente el valle, ya vacío de hombre tibbu, que lo habían abandonado, después de perder su clandestinidad. Abd El Melik iba allí parta apacentar los camellos, que le confiaban ciertos propietarios y, en cada ocasión, permanecía entre sus paredes, tres o cuatro semanas. La parte final de la declaración por escrito, que el beduino entregó a Almásy, decía así: “En aquellos lugares hay arruís, zorros y muchos “zararir” (pajarillos, plural de “zarzur”); creo que este valle se llamó Zarzura, en tiempos anteriores, por estos zararir”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.