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Arte y cultura en la Barcelona de los siglos XVI y XVII


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

El arte gótico catalán duró mucho tiempo, es decir, que las influencias del Renacimiento tardaron en llegar a Barcelona. Esas pervivencias góticas son claramente evidentes en las obras de las iglesias de Sant Agustí Vell y Sants Just y Pastor.

A medida que entraron las soluciones arquitectónicas renacentistas aparecieron edificaciones que podríamos calificar de híbridas, es decir, que combinaron lo gótico con lo nuevo. Así ocurrió con el Convento de los Ángeles y del Pie de la Cruz, o la Casa de l’Ardiaca. Este edificio era el palacio donde vivía el arcediano. En realidad, era anterior, pero Lluís Desplá i d’Oms en el siglo XVI transformó la obra en donde dispuso un edificio gótico, pero con una fachada renacentista. Otro edificio con mezcla de estilos sería la Casa Gralla. Estaríamos, por tanto, en una suerte de eclecticismo arquitectónico, pero, poco a poco, el Renacimiento terminó por imponerse. Es sería el momento de la fachada del Palau de la Generalitat (1596-1619), obra de Pere Blai, que se había formado como arquitecto con su padre, maestro de fuentes. La idea era levantar una fachada nueva, pero conservando el interior gótico del edificio. La obra se proyectó para ser realizada en cuatro años, pero terminó dilatándose nada menos que veinte porque hubo polémicas en torno a la misma y muchos parones.

La fachada se inspiraría en algunas cuestiones inspiradas en Antonio da Sangallo y de Miguel Ángel, de los palacios italianos. La fachada tiene tres cuerpos, siendo más ancho el central que los laterales, enmarcados en dos pilastras de orden corintio. Tiene cuatro pisos o niveles. El primero es el basamento almohadillado, otro con entablamento y vanos con frontones alternos triangulares y curvos, un tercero con cornisa y vanos pequeños, siendo algunos ciegos, y por fin otro último con entablamento y balaustrada. El pórtico es dórico con un arco de medio punto, con un entablamento y una hornacina donde aparece el escudo de la Generalitat. Por fin, la fachada se cubre con una cúpula con linterna.

Blai también reformó la capilla de Sant Jordi del palacio y donde se puede apreciar cierta influencia herreriana, el estilo imperante en la España de fines del siglo XVI por la fuerza que había impuesto el Monasterio de El Escorial levantado por Juan de Herrera.

En relación con las artes figurativas -pintura y escultura- asistimos a la misma mezcla que hemos visto para la arquitectura. El gótico seguía siendo la base, dada la importancia que tuvo este estilo en Cataluña, pero se fueron incorporando las influencias italianas, francesas y flamencas.

La mayoría de los artistas que trabajaron en la Cataluña del siglo XVI fueron extranjeros. Aine Bru era natural del Brabante, y fue autor del retablo de Sant Cugat del Vallès (1504-1507). Por su parte, el portugués Pere Nunyes realizó el retablo de San Eloy de los Argenteros de la Basílica de la Merced de Barcelona (1526-1529).

En escultura se contaría también con maestros de fuera de Cataluña. Destacaría el burgalés Bartolomé Ordóñez, que trabajó en el coro de la catedral de Barcelona (1515-1520). Por fin, el catalán Agustí Pujol fue el autor del retablo del Rosario de la catedral de Barcelona.

El Barroco en la arquitectura catalana se desarrolló más en lo decorativo y ornamental que en las cuestiones estructurales. En el Barroco catalán abundaron, en este sentido, las columnas salomónicas. Las nuevas formas se pueden observar en la Casa de Convalecencia del Hospital de la Santa Cruz (1629-1680), y en la Iglesia de Belén en Barcelona (1681-1732).

Fuera de la tipología del retablo en la escultura debemos destacar el altar-baldaquino de Santa María del Mar (1772-1783).

Por su parte, el catalán como lengua culta no vivió una época de esplendor durante los siglos XVI y XVII, aunque sí en el ámbito popular y también en el jurídico y legal donde se empleaba al ser la lengua oficial. En todo caso, en este largo período se pueden reseñar las figuras de Josep Vicenç Garcia y Francesc Fontanella en Cataluña. Fontanella fue un personaje de cierta importancia en la Cataluña del siglo XVII. Estudió derecho y fue autor de poesía amorosa, pero también se comprometió en la agitada vida de la Barcelona de mediados de siglo. Redactó dos obras dramáticas, Tragicomèdia d'Amor, Firmesa i Porfia, de 1642 y Lo desengany (1651). Su compromiso político en la Guerra dels Segadors le obligó emprender el camino del exilio en Perpiñán en el año 1652. A raíz de la muerte de su segunda esposa decidió entrar en religión, profesando en la Orden de los Dominicos y haciéndose sacerdote. Su poesía amorosa se tornó religiosa.

La pérdida del Rosellón y la Cerdaña afectó al desarrollo del catalán en dichas áreas. La Corona francesa prohibió su uso en la Administración y que se pudiera enseñar, aunque se mantuvo en el ámbito familiar y popular.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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