La Guerra de Sucesión y su impacto en Cataluña. II
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Una vez establecido el contexto de la Guerra de Sucesión, nos vamos a centrar en su desarrollo en Barcelona y Cataluña.
Después de su entrada apoteósica en Madrid, el rey Felipe V decidió marchar a Barcelona en el otoño de 1701 con el fin de recibir a su esposa, la reina María Luisa de Saboya. En Zaragoza juró en la Seo los fueros de Aragón, mientras que los catalanes aprovecharon para solicitar que jurase el respeto de los suyos, un requisito que parecía imprescindible para que Felipe fuera considerado rey también en Cataluña, como venía sucediendo desde la Edad Media. En principio, no hubo problemas, y se convocaron las Cortes. Felipe V juró y llegó a conceder el permiso para que dos navíos catalanes pudieran comerciar con las Indias, algo que era una excepción, ya que solamente los castellanos podían comerciar con América, todo un gesto que, en principio, parecía buscar el apoyo catalán. Pero, a pesar de estas cuestiones, era evidente que ya se respiraban tensiones y suspicacias en las relaciones entre ambas partes, entre la Corona y Cataluña.
Estando el monarca en Barcelona llegaron las noticias del estallido de la guerra en Europa. Además, los aragoneses pidieron la convocatoria de sus propias Cortes, pero el rey decidió, ante la gravedad de la situación internacional, marchar a Italia donde se estaba desarrollando el teatro de las operaciones en ese momento.
Para no agraviar a los aragoneses se convocaron las Cortes a las que acudió la reina que también asumió las funciones reales junto con un Consejo de Regencia. Después la reina regresó a Madrid.
Hasta 1705 la guerra fue internacional, pero en ese año adquirió una dimensión interna. Los motivos que hicieron que unos y otros adoptaran la causa de los Austrias o de los Borbones son diversos y obedecieron a distintos intereses. En realidad, se puede apreciar una situación previa de ciertos antagonismos, especialmente entre castellanos y catalanes, pero también es cierto que tampoco se puede afirmar que en la Corona de Aragón ni en sus distintos reinos hubiera un interés especial en desligarse de la relación con la Corona de Castilla. Además, el monarca había jurado los fueros de Cataluña, como también lo había hecho en relación con los de Navarra y las provincias vascas. Una de las claves para entender la resistencia de gran parte de Cataluña al establecimiento como monarca de Felipe V debe buscarse en el establecimiento en 1707 de los Decretos de Nueva Planta para Valencia y Aragón, a raíz de la victoria de Almansa ese año, y que terminaron con las personalidades jurídicas e institucionales de ambos territorios.
Las tropas del archiduque Carlos, comandadas por Henri de Massue y el Marqués das Minas fueron derrotadas por las tropas borbónicas.
Eso fue interpretado claramente por la mayoría de los catalanes para decidirse claramente por la causa austracista. Pero, en realidad, como decíamos anteriormente, sería 1705, es decir, dos años antes, el momento en el que la mayoría de los catalanes comenzaran claramente a no apoyar la causa borbónica.
Tras la batalla naval de Marbella en agosto del año 1704, la flota aliada del Mediterráneo pudo al verano siguiente efectuar dos desembarcos, en las costas valenciana y catalana. Eso precipitó que, tanto Valencia como Barcelona, se sublevaran contra Felipe y en favor del archiduque Carlos. No debe olvidarse que el virrey Francisco Antonio de Velasco cometió algunos abusos. En este sentido, se había significado en reprimir la oposición al rey Felipe, y había expulsado al obispo de Barcelona, Benito de Benet de Sala i de Caramany. Por otro lado, consiguió repeler un desembarco británico en 1704, que contaba con ayuda interior. Pero no pudo frenar el desembarco de 1705. Fue el momento en que gran parte de la élite barcelonesa adoptó la causa austracista, y no sólo por los posibles o discutibles abusos del virrey, sino también por un sentimiento general antifrancés al considerar que el monarca de la Casa de Borbón podría establecer una monarquía claramente absolutista que, a buen seguro podía lesionar sus intereses políticos y también económicos.
Precisamente, uno de los miembros de la oligarquía barcelonesa, Antonio de Peguera i de Aymerich, junto a los vigatans, es decir, los miembros austracistas de Vic, firmó con los ingleses el Pacto de Génova, por el cual Inglaterra se comprometía a ayudar a los catalanes militarmente a cambio de su apoyo al archiduque.
Debemos recordar que por austracista se entiende a los partidarios del archiduque Carlos. Aunque la mayoría de los austracistas fueron naturales de los reinos de la Corona de Aragón también hubo austracistas castellanos, es decir, contrarios a la solución borbónica.
Al terminar la Guerra de Sucesión hubo un importante exilio y un sector muy persistente del austracismo con mucha actividad, especialmente a través de la imprenta. Llegó a existir hasta un austracismo en América.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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