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La Guerra de Sucesión y su impacto en Cataluña. III


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Las tropas aliadas ocuparon Barcelona, tras tomar el castillo de Montjuic y asediar la ciudad. En todo caso, también hay que afirmar que, en esa lucha, como en toda la Guerra, hubo catalanes en los dos bandos. En 1705, el pretendiente Carlos fue proclamado como rey, pasando a ser nombrado como Carlos III por parte de las Cortes catalanas. Valencia y Mallorca también se unirían a esta causa, y después lo haría Aragón. Las tropas borbónicas se encontraban en ese momento en una situación extremadamente apurada.

Felipe V intentó recuperar la capital catalana y en 1706 comandó personalmente un ejército para sitiar Barcelona por tierra y mar. Consiguió tomar el castillo de Montjuïc, aunque la flota aliada le obligó a retirarse. Pero la mencionada victoria en la Batalla de Almansa cambiaría la situación, aunque enconaría aún más la resistencia catalana contra la causa borbónica, como hemos expuesto.

El episodio final de la Guerra de Sucesión fue intenso y muy largo, y tuvo a Cataluña y Barcelona como protagonistas. Las tropas imperiales, es decir, de la causa del pretendiente de la Casa de Austria, sufrieron serios reveses en diciembre del año 1710, provocando la definitiva pérdida de Aragón. En febrero de 1711, las fuerzas borbónicas se establecieron en Cervera, fiel a la causa de Felipe, mientras que otro ejército consiguió por el norte la rendición de Girona y pudo ocupar la Plana de Vic. Se formó un triángulo de resistencia catalana cuyos vértices eran Igualada, Tarragona y Barcelona. Esa resistencia duró tres años a pesar de que desde el plano internacional no llegaban buenas noticias, ya que los ingleses querían la paz, además de que el emperador José murió y eso abrió las puertas del trono imperial para el archiduque. Por su parte, la propia Francia de Luis XIV estaba cansada. Pero la voluntad de resistencia fue mayor ante este panorama ya claramente adverso. Los catalanes obtuvieron la promesa del emperador de que no los abandonaría y, además, consiguieron firmar una alianza con Londres. Pero en septiembre de 1711 el archiduque se marchaba de Barcelona para hacerse con el trono, y eso fue interpretado por muchos como el principio del fin, por mucho que Isabel Cristina de Brunswick, esposa de Carlos, se quedara manteniendo una corte. Isabel había sido nombrada gobernadora general de Cataluña, e intentó gobernar con prudencia. Pero en 1713 abandonó definitivamente Barcelona para reunirse con su esposo en Viena. Se da la circunstancia de que años antes, Barcelona había sido el escenario de la boda de ambos el primero de agosto de 1708 en Santa María del Mar. Con motivo de este enlace regio se representó al día siguiente en el Palacio de la Llotja de Mar la primera ópera italiana que se interpretaba en España, Il più bel nome, del veneciano Antonio Caldara, un acontecimiento cultural de primera magnitud en medio de una guerra.

La lucha fue enconada, pero el tiempo corría claramente en contra de los catalanes porque las tropas aliadas se fueron retirando de forma paulatina. En 1712 se marcharon los ingleses, concentrados en Menorca, ya que les interesaba mucho más la isla en su estrategia de control del Mediterráneo. Las tropas imperiales se retiraron en la primavera de 1713 a raíz de lo firmado en Utrecht. En esta época, además, se decretó el Indulto y Perdón General a los catalanes. Así es, el 30 de marzo de 1713 el rey Felipe V concedió a través de un Real Decreto un Indulto y Perdón General a los catalanes por la rebelión comenzada en 1705.

Al parecer, esta decisión tuvo que ver con la presión de Inglaterra en plenas negociaciones en Utrecht para poner fin a la Guerra de Sucesión. Los ingleses, en realidad, querían que se concediese una amnistía general a los austracistas catalanes y que se mantuviera el ordenamiento jurídico catalán, dos cuestiones a las que se negó rotundamente Felipe V. Por eso, en compensación declaró la concesión del indulto. El perdón real era muy importante para la Monarquía, considerado como una regalía, es decir, como un derecho asociado a la Corona. Las medidas de gracia serían, por tanto, potestad real, además de constituir un instrumento de la política, especialmente cuando los perdones tenían que ver con asuntos generales, pero también en los individuales. Demostraban donde se concentraba el poder y qué institución era la única con ese derecho, esto es la Monarquía.

El mismo estaba condicionado a que los catalanes depusiesen las armas. El texto de la disposición era duro, sin lugar a dudas, porque una rebelión era un delito muy grave desde la concepción absolutista del poder. Se aludía a la “pertinaz continuada ceguedad” de los catalanes, que subsistían en faltar a las obligaciones como vasallos que habían jurado. En todo caso, concedía el perdón de las vidas y haciendas a aquellos que en el plazo de dos meses depusieran las armas, y en caso contrario serían considerados como rebeldes y “reos de lesa majestad”.

En 1713 cayeron Manresa, Mataró y Solsona. La propia Manresa sufrió un durísimo saqueo. En 1714 solamente resistían Cardona y Barcelona, además de las guerrillas que había en algunos parajes.

El ejército borbónico sitió Barcelona durante catorce meses, pero la ciudad consiguió mantenerse firme con unos cinco mil quinientos hombres, aunque solamente quinientos serían claramente soldados, además de con voluntarios castellanos que defendían la causa austracista, valencianos y aragoneses. También se contaba con la conocida como la Coronela, es decir, la milicia gremial, un cuerpo de origen medieval, fruto del privilegio obtenido en su día para que Barcelona pudiera defenderse por sí sola. Este cuerpo aglutinaba unos tres mil efectivos. La defensa general fue dirigida por el conseller en cap, Rafael de Casanova y por el general Antonio de Villarroel.

Por fin, el 11 de septiembre las tropas borbónicas lanzaron el asalto a Barcelona que sería definitivo. Entraron el día 14. En el asedio murieron siete mil personas, luego se desató la represión y muchos también emprendieron el camino del exilio.

Rafael Casanova fue uno de los heridos en el asalto final. Fue exonerado de sus cargos, pero se le incluyó en el perdón real que terminaría por alcanzar a la mayoría de los dirigentes catalanes.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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