Talleyrand. Tal para cual. VI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
En Inglaterra las cosas eran muy distintas a las de Francia, porque el Parlamento constituía un dique, capaz de contener la tendencia despótica secular de los soberanos. En Francia, en cambio, el único soberano era el pueblo. Un Ejecutivo sujeto a una Constitución, sería el órgano más adecuado, para representar la voluntad popular. Desde la Revolución, los sucesivos “parlamentos” (la Asamblea Nacional, la Constituyente, la Legislativa, la Convención) habían estado cambiando las leyes de un día para otro sin ningún tipo de coherencia. Al decir de Bonaparte, Francia resultaba ser en aquel momento “una nación sin leyes con trescientos borradores”. ¿Cómo era posible que en el país más grande y poblado de Europa (30 millones de habitantes) y, también el más ilustrado, tuvieran que intervenir las bayonetas día sí, día también? Solo un Ejecutivo fuerte podría acabar con tanto desbarajuste y colocar a Francia en el buen camino.
Talleyrand olió enseguida el tono autoritario de la carta del joven general, pero, como este parecía dar prioridad al mantenimiento del orden en el interior del país, la primera medida a tomar sin lugar a dudas, no le hizo reproche alguno. De inmediato advirtió que, cuando Napoleón se refería a un Ejecutivo fuerte, estaba quejándose de la debilidad de lo directorios y abogando por un Ejecutivo “encabezado por él mismo”. ¿Por qué no? Tiempo al tiempo.
El Directorio tuvo que tragarse a Talleyrand como un sapo enorme, pero nunca lo aceptó ni lo contó entre los suyos. El abbé, por su parte, estaba convencido de que tenía más derecho a gobernar que los otros cinco, incluido Barras. En septiembre de 1797, y para satisfacer a los neojacobinos, se vieron obligados a arrestar a dos de sus miembros, Carnot y Barthelemy, junto a un grupo importante de parlamentarios díscolos del bando realista y enviarlos a Cayena para evitar un golpe.
De no haber sido por Napoleón, que, para asegurar el contragolpe, envió a París a su amigo el general Augereau, hombre duro y famoso por su saqueos y crueldad, el Gobierno habría caído entero. Fue el golpe que ha pasado a la historia como el 18 de fructidor, apoyado en un principio por la misma Mme de Staël, aunque al día siguiente se desmarcó de sus consecuencias (solía hacerlo) por parecerle la reacción gubernamental excesiva y porque, como tenía un pie en cada bando, afectaba a algunos amigos suyos. La situación cambió cuando en Milán, Napoleón descubrió una supuesta conspiración monárquica en los papeles del conde de Antraigues. Ante estas revelaciones, Barras apoyó a los republicanos y se rompió el equilibrio en el seno del Directorio. El 18 de fructidor del año V el general Augereau ocupó militarmente la capital de Francia. Carnot huyó de París y Pichegru y Barthélemy fueron arrestados, así como otros destacados monárquicos. Los dos miembros del Directorio partidarios de la monarquía fueron destituidos, se deportó a numerosos diputados y sacerdotes, y se anularon las elecciones de 49 departamentos.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.