Talleyrand. Tal para cual. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Francia estaba peor que nunca y la corrupción de la administración resultaba cada día más notoria. Para muchos el principal culpable era Talleyrand mismo, cuyo tren de vida empezaba a llamar demasiado la atención de tirios y troyanos. A punto estuvo, de hecho, de verse expuesto por quienes creía que eran sus mejores amigos, los americanos. Cuando en 1797 John Adams fue elegido presidente, el hombre tenía mucho interés en firmar un tratado con Francia porque, desde que dos años atrás EE.UU. había suscrito otro con Inglaterra, buques corsarios franceses, con el apoyo del Gobierno de la República, se habían creído con derecho a atacar y desvalijar los mercantes americanos, apoderándose de su carga y maltratando a la tripulación.
Adams se vio obligado, pues, a organizar una fuerza naval dirigida a proteger a sus mercantes y a castigar duramente a sus atacantes galos. Desde el punto de vista histórico puede decirse que fue la primera señal que EE.UU. dio de querer convertirse en una fuerza militar para actuar en el exterior. Por primera vez la fiebre guerrera se apoderó de la ciudadanía estadounidense contra un enemigo allende de sus fronteras. Para resolver la cuestión cuanto antes, Adams envió a Paris una misión de tres hombres, encabezada por el prestigioso general Charles Cotesworth Pinckney para hablar de la cuestión con el Directorio y con su ministro de Exteriores (Talleyrand), pero, en principio, se les negó una audiencia.
Ante la insistencia de los americanos, tres tunantes del entorno del abbé Périgord – Radix de Sainte-Foix, Casimir de Mintrond y André d’Arbelles (conocidos como X, Y y Z) - les propusieron una negociación, aunque para empezarla, Talleyrand exigió, como venía siendo habitual, su correspondiente douceur (soborno).
Sin embargo, Adams no estaba dispuesto a ceder y, por razones de política interior, informó al Congreso de todo el asunto el 3 de abril de 1798. Poco tiempo faltó para que los periódicos americanos se hicieran eco del escándalo, al que llamaron XYZ por los nombres desconocidos de los intermediarios. La prensa francesa se mostró más discreta, pero el Gobierno de Londres logró publicar en sus diarios una parte de la correspondencia americana traducida al francés. El 31 de mayo Charles-Maurice, con el apoyo de Barras intentó justificarse en la prensa. Él no sabía nada. Fue un acto oficioso de unos agentes bancarios que actuaron por su cuenta. También se defendió ante el Directorio con un informe que nadie se tomó en serio, pero que tampoco nadie desmintió.
Finalmente, el tratado se firmó sin douceurs en septiembre de 1800, ya bajo el Consulado. Fue uno de los pocos chascos que se llevó el obispo de Autun en materia de sobornos y, seguramente llegó a la conclusión de que los americanos, puritanos y cuáqueros en su mayoría, eran en exceso primitivos para entender como funcionaba el mundo civilizado.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.