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Talleyrand. De camino a Brumario. III


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Talleyrand se esforzaba por promocionar la figura del gran héroe de Francia. La ceremonia de recepción en el palacio del Luxemburgo, hecha a la medida del Directorio, le había sabido a poco y estaba seguro de que, aunque no lo diera a entender, a Napoleón también. Era notorio que a este no le gustaba la vida social, porque no se había formado en los salones del ancien régimen y se sabía de conversación limitada. A pesar de todo, Charles-Maurice decidió organizar una excepcional fiesta de fin de año… en honor de Mme Bonaparte, la exmerveilleuse Josefina Beauharnais, viuda de un general guillotinado por conspirador y que por tantas camas había pasado (entre ellas la de Barras, que la había recibido a su vez de Charles-Hippolyte Labussière) hasta aterrizar en la de Napoleón, seis años más joven que ella, pero loco por sus encantos.

Parece que en dicha fiesta se bailó por primera vez el vals en Francia, procedente de la pacata Austria, que permitía a las parejas abrazarse castamente. Acudieron alrededor de 500 personas, entre las que se encontraban todas las bellezas de París, algunas de pasado muy turbio, empezando por la homenajeada, cargada de joyas y espléndidamente vestidas (se había recomendado evitar las transparencias excesivas, tan de moda en los años que siguieron al golpe de Termidor, porque no gustaban al general) a las que acompañaban embajadores, prohombres republicanos, altos oficiales del ejército, la élite cultural del momento – encabezada por Marie-Joseph Chénier, hermano del poeta guillotinado tres días ante de Termidor y bardo oficial del régimen y, claro está, los miembros del Directorio que se presentaron sobriamente vestidos de pasantes de notario.

En el curso de la fiesta tuvo lugar una breve conversación de Mme de Staël con el general, que, aunque pueda parecer inocua, levantó un muro entre los dos, que fue haciéndose más espeso con el paso del tiempo. Dispuesta a dirigirle un cumplido (de hecho, entonces le admiraba), Germaine saludó al general como ”el primero de los hombres de Francia”. Y luego empezó a preguntar:

G: ¿Qué mujer prefiere usted general?

N: La mía naturalmente

G: ¿Y cuál es la clase de mujer que más estima?

N: La que se ocupa mejor de su hogar

G: ¿Y cual sería la mejor de entre todas ellas?

N: La que tuviera más hijos – dijo el general y dio media vuelta y se fue.

En aquel momento Germain Necker tenía solo dos hijos varones (Auguste y Albert) y una niña casi recién nacida (Albertine), los dos primeros hijos de Narbonne y la última de Constant. Obviamente no se estaba refiriendo a ella.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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