Capitán Richard F. Burton. Mi rey y mi Dios. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
A Mr. Arundell (el padre de Isabel) le agradaba Richard F. Burton, pero su esposa mantuvo su postura inflexible respecto al matrimonio. “Dick Burton no es amigo mío”, iba a repetir hasta el final de sus días.
Entre los clandestinos, aunque apacibles, encuentros con Isabel, Burton residió alternativamente en Londres y en Dover, en donde vivía su hermana María Katherine y su hermano Edward. El esposo de María, el coronel Henry Stisted, había regresado hacía poco de la India, seguido por Edward Burton, que gozaba de una prolongada baja por enfermedad. Los dos habían vivido la atroz carnicería que se dio en llamar Motín de los Cipayos, en 1857. El coronel había salido ileso, pero el pobre Edward, tras “haber servido con distinción”, había llegado a su final en la India. El calor aplastante, la sangre y el caos, las atrocidades que cometieron ambos bandos, habían hecho mella en él: había sufrido importantes daños cerebrales, debidos a alguna insolación u otra calamidad. “Su mente fue deteriorándose poco a poco, y ya nunca se recuperó”, escribió Georgiana Stisted (sobrina de Burton, que escribió bastante sobre su tío). Edward fue internado a la sazón en el manicomio del condado de Surrey, inmóvil y privado del habla, tragedia que afectó a su hermano mayor, tanto o más de cualquiera de las que le tocó vivir. Definitivamente mudo, pasivo, nada ni nadie iba a conseguir que hablase, salvo en una ocasión: en 1895, poco antes de su muerte, un primo suyo, el doctor F. J. Burton, a manera de prueba, le acusó de no haberle devuelto una deuda de menor cuantía. “Un sucio asunto”, dijo el doctor Burton a Edward al comentarle el suceso, a lo que Edward replicó: “Primo, eso no es cierto. Si que te pagué la deuda. Te hice entrega de un cheque, tienes que recordarlo”. Salvo esa intervención, todo lo demás fue silencio.
Burton, por su parte, seguía sin gozar de buena salud. Dio largos paseos con María (su hermana), disfrutaron de gratas cenas familiares y, trabajó de firme en el manuscrito de su libro sobre la búsqueda del Nilo, aunque su sobrina Georgiana (que escribió mucho sobre su tío) había de escribir años después que “todos comentaban que parecía enfermo y deprimido. Los dulzores del éxito los probó, mezclados con no pocas amarguras. La extraña y animosa infidelidad de Speke le afectó mucho más, de lo que nunca llegó a reconocer…”
Pues eso.
Continuará.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.